Alex el temible

Lo del sueco fue una excepción, claro está. No he vuelto a hacer esa locura. No me refiero solo a irme a la cama con un desconocido… lo peor fue no usar preservativo. A la mañana siguiente me desperté antes que él. Le dejé un mensaje en la mesilla, algo como que había sido mágico y salí haciendo poco ruido para no despertarle. Camino a casa, con un aspecto lamentable iba pensando si realmente había sucedido lo que había sucedido y llamé apresuradamente a Sandra para contárselo. Por un lado me dio la enhorabuena y por otro me insultó de mala manera porque estaba loca, que lo del condón es algo fundamental.

Cuando llegó Sandra yo estaba temblando, de miedo, pensando si me había quedado embarazada, y mucho peor: las enfermedades venéreas. Y si por un polvo, por muy increíble que hubiese sido había echado mi vida a perder… Sandra ya había pasado por algo similar, pero no por mala cabeza, sino por accidente. Un preservativo que se rompió. Pero además era con su pareja, que no tenía porqué contagiarle nada, aún así relajaba tener a alguien que supiese qué es lo que debía hacer.

Fuimos a por la pastilla del día después y no os imagináis lo mal que lo pasé, no solo por cómo te sientes y tus miedos, sino por las miradas de desprecio de la farmaceútica. Según me dijo Sandra, esa gente que va de recta son las peores. Van de mojigatas y después son unas guarrillas de cuidado.

Pasado unos días, con el cuerpo como loco por tantas hormonas, y con un miedo terrible me hice unos análisis de venéreas. Tuve una suerte increíble. No tenía nada.

Además del placer, y el miedo extremo que viví, por la historia del sueco, esa noche loca me sirvió para pasar página de lo de Diego… y de todos los hombres en general. La pastillas del día después con su ejército de hormonas me dejaron KO y con ganas de pensártelo más la próxima vez.

Así que pasaron unos años de sequía sexual… bueno, no total cuando uno se tiene a sí mismo: “Como Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como”.  Sandra dice -Quien no se consuela es porque no quiere, que bendita tecnología y tiendas online, que cualquier cosa la puedes adquirir discretamente desde casa. Que hoy en día hay para todos los gustos… que es bueno practicar y lo único que no hay que hacer es usar cosas que no están fabricadas para esos menesteres-.

Gabriela, que es enfermera, nos lo ha confirmado enseñándonos algunas radiografías reales (¡y rectales!) de botellas, hortalizas y demás utensilios en sitios insospechados.

Bueno, tras la aventura con el sueco, cualquier flirteo en la facultad, en el máster o en algún bar acababa chocando con mi frialdad y en ocasiones bordería. De ahí que cada vez que salíamos mis amigas rezaban para que nadie me dirigiese la palabra. Me apodaban “la Sargento de Hierro”, porque saltaba a la mínima.

La única vez que conseguí relajarme un poco fue cuando en uno de esos parques multiaventura me quedé enganchada en una tirolina y muy asustada estuve esperando casi media hora a que me vinieran a rescatar. El mosquetón se quedó atascado así que el rescate fue digno de una película. El chico que me socorrió estaba bastante buenorro. Así que bajamos juntos de la tirolina abrazados. Las cabronas de mis amigas estaban abajo grabándolo todo, así que el momento está inmortalizado y su coñas y chistes también.

Por el mal trago nos invitaron a todas a otro día de aventuras en la tirolina. Mis amigas afirmaban que el chico parecía tener interés en mi. Pero le había cogido demasiado miedo a la tirolina (por lo sucedido), al amor (por lo de Diego) y al sexo (por el sueco) por lo que no presté atención a las señales y pasé de él.

La verdad es que mirándolo con perspectiva mi vida amorosa no es que haya sido muy extensa ni emocionante. Para rematarlo después vino Álex, pero eso creo que no puede llamarse amor.

Le conocí en una salida con mis amigas “estrogeneras”, creo que ahí ya estábamos las 6: Sandra, Carmen, Rebeca, Gabriela y Nerea. Fuimos a un teatro de improvisación y ahí le vimos: era uno de los actores. Delgado, moreno y muy seguro de sí mismo. Actuaba muy bien, y era muy divertido. Recuerdo que quería sacarnos al escenario, era un local muy pequeño, pero yo no estaba por la labor. Todas mis amigas salieron menos yo. Él acabó su actuación diciendo que conseguiría hacerme actuar. Nos invitaba otro día. Aunque yo estaba reticente mis amigas me animaron a ir. En esa actuación tampoco consiguió que participase, pero sí que consiguió el número de teléfono de mis amigas. Y poco a poco fue consiguiendo que ellas hablaran bien de él. Que si era majo, tenía sentido del humor, que se ha fijado en tí, que ya era hora de superar lo de Diego…

Me mandaba flores con mis amigas de recaderas. Bombones y otros tópicos románticos. Yo empezaba a trabajar en mi empresa actual y no quería líos. Un día me llevó a la tuna a la salida del curro. Yo me quería morir. Más por vergüenza, que por otra cosa acepté una cita con él. Creo que la única cita romántica que he tenido, porque con Diego todo fue muy natural: pasamos de la amistad a salir directamente y con el sueco… pues solo hubo aquí te pillo aquí te mato.

Álex se comportaba como un caballero: me preparó una cena en su ático, aunque yo prefería terreno neutral por si la cosa se ponía más intensa. Pero tenía el apoyo y protección de mis amigas… si la cosa se ponía rara podía darles un toque y sin problema. A la única que no le hacía gracia lo de Álex era a Sandra, que decía que no le acababa de convencer, que hay mucha gente de la farándula que no es lo que parece y que me andase con ojo. Ójala la hubiese hecho caso.

Esa noche fue perfecta; todos los detalles estaban medidos milimétricamente: la música, la intensidad de la luz, la comida, los temas de conversación… la cita era clavada a una escena de una comedia romántica americana. Acabó con un beso y otra cita.

Yo salí con mariposas en el estómago, como hacía años que no sentía. Recuerdo que pensé: “estoy jodida”. Supongo que cuando ya has sufrido una decepción piensas que nada es para siempre. Sé que es duro decir que empiezas una relación así, pero es la verdad, lo que sentía.

Los cortejos duraron unas semanas. Los llamo así porque eran cortejos en toda regla. Lo cual hacía que me sintiera especial. Él jugaba con ventaja: había hablado con algunas de mis amigas y le habían informado de mis gustos, y no sé hasta qué punto de mi vida amorosa. Por eso cuando empezamos a salir, un día de verano en plenas vacaciones, yo no era consciente de que él sabía todo de mi y yo nada de él.

El verano fue increíble. Pudimos cuadrar nuestras vacaciones y empezamos la convivencia. Pude conocerle un poco, pero es cierto que notaba algo extraño en él. Como si no se quisiera abrir o mostrar ante mi. Pero me trataba tan bien y era tan detallista…  pronto la cosa cambió: cuando empezamos con el sexo, yo aún tenía muchos miedos, sobre todo de quedarme embarazada, así que me costaba bastante. En un principio él era todo paciencia… pero la paciencia le duró poco. Él se creía que era porque no me ponía lo suficiente, cuando era por otros motivos. Ahí fue cuando empezó a mostrar su verdadero rostro, y dio mucho miedo. Que si era una frígida, que si solo me ponían los cacharros con pilas o el acostarme con un completo desconocido. Eso me confirmaba que alguna de mis amigas le había contado más de la cuenta. Creo que me llamó zorra. Yo estaba en shock y como pude, salí corriendo de su piso, con la ropa mínima, temblando de miedo, porque la violencia de su voz me producían escalofríos.

Creo que al verme tan asustada reculó. Que si perdona, que no tenía que haber dicho eso, que si todos somos humanos, que le perdonase y volviese a perdonar.

Sé lo que es maltrato psicológico. El Ex de Carmen era un profesional en ese sentido. Me dio miedo que ese chico tan atento fuese un psicópata-vampiro psicológico. Ese día me fui de su casa, decidida a acabar la relación. Pero días después se le vio tan arrepentido y cariñoso que volví con él.

A veces me he dicho que me lo merecía. Encima por miedo no le conté muchas cosas a mis amigas. Nerea fue, por cierto, la que le puso a Álex al corriente de mi vida amorosa y por eso tuve con ella una buena bronca. Desde entonces la relación no es tan fluída como lo era antes. Me sentía traicionada. Claro que toda la culpa no era suya. Si Álex no hubiese sido un capullo las cosas habrían sido de otro modo.

Así que pasaron unas semanas sin más problemas. Cuando la cosa se relajó, me quise creer que ese ataque era único y nunca más se repetiría algo así. Lo cual permitió que me relajara y se me pasara el miedo. Retomé mi confianza en él y por fin pudimos tener un sexo aceptable. No demasiado bueno tampoco… por lo menos para mi. Creo en parte que mi cuerpo sabía algo que mi cabeza no quería entender. Detalles, expresiones, cosas que hacía que no cuadraba con cosas que decía.

Si al principio de la relación me hacía sentir como una diosa, después se fue relajando. El problema es que a veces me trataba como una mierda. No le pedía lo del comienzo, pero sí un mínimo de respeto. Él iba perdiendo su paciencia cada vez con más frecuencia. Y yo encima pensaba que yo era la culpable: que era algo que yo hacía mal. Y no, era su cabeza la que estaba mal. Eso sí, delante de mis amigas era un perfecto caballero. No sé cómo lo pude aguantar. Hubo algunas idas y venidas y él siempre conseguía convencerme con más dulzura y detalles, pero poco a poco me iba dando cuenta de cómo funcionaba su estrategia. Me notaba cansada, agotada y sin ganas de nada. No era feliz. Era peor incluso de cuando lo dejé con Diego. Es verdad que es mejor solo que mal acompañado-

Un día mis amigas me dieron un toque de atención. Me hicieron una intervención. Estaban todas excepto Nerea -con buen criterio-y fue mucho mejor así. Me dijeron que se me veía cansada, que no estaba bien, que debía dejarlo de una vez o iba a acabar mal. Carmen, que había pasado por un tormento similar, o incluso peor, dijo que cuando una historia cuesta, esa historia no tiene mucho futuro. Que las cosas tienen que fluir, que no podía tirar solo yo de la relación, que me apoyaban y si necesitaba cualquier cosa las tenía a ellas.

Aunque sabía que tenían razón aún le quería. Y aún veía sus partes buenas. Algo de lo que suelo pecar por mi empatía: ver lo bueno incluso de lo malo, aunque ese bueno sea una parte muy pequeña. Así que seguí con Alex, aunque cada vez más cauta.

El detonante final fue el día que nos encontramos con mi ex. Al volver a casa me notó muy afectada. Y es normal, si ves a alguien que fue muy importante en tu vida y no le has visto hace años. A pesar de que no haya amor ya, puede que aún así quede una sensación de melancolía. Pero él estaba cegado, celoso se puso como un energúmeno, intentando sonsacarme. Cosas como “así que este es el famoso Diego, si lo sé le habría pegado 4 hostias”. Yo le dije que ya no había nada, que era solo emoción de verle tras años, pero él seguía despotricando. Al ver que no conseguía admitir que aún le quería intentó cambiar de táctica, ahí es cuando no pude más, llorando le dije que si tan celoso estaba es porque él tenía algo que ocultar y pensaba que yo era como él. Y sí, muchos de sus ensayos acababan tarde y tenía compañeras guapísimas con las que había salido hace tiempo y yo nunca le eché nada en cara. Fue en ese momento en el que creo que me confirmó que era una persona infiel y desleal. Como con las palabras no iba a ganar, empezó con la fuerza bruta a lanzarme objetos. La suerte es que nunca ha tenido mucha puntería (en el sexo y también en todo lo demás) así que pude escapar sin ningún daño. Ahora mi cabeza había comprendido lo que mi cuerpo y corazón trataba de decirle: es maltrato, siempre lo fue. Que lance cosas y haya pasado a ser físico es lo de menos. No puedes permitirlo.

Así que ahí acabó todo… bueno, no fue tan fácil, que tuve que escapar de su acoso durante varios meses, pero con paciencia y buenas amigas pude superarlo. De eso hace ya algo más de un año. Pero aún duele y no sé si lo más duro es pensar que estuve con un maltratador o el el hecho de que conociese más a un sueco desconocido en una noche loca que a Álex y sus mil caras en un año.

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"Tienes que cambiar y una polla de goma no va a cambiar lo que tienes que cambiar."    
-Sandra       


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