Claudia

La traición del subconsciente

Nunca pensé que una visita familiar me ayudaría a despejarme la mente. Normalmente me pone la cabeza como un bombo y parece un campo de batalla verbal, en el que normalmente mi madre ataca y yo recibo. Pero esta vez se les veía a todos bastante relajados. Quedamos a comer en casa de mis padres, hicieron un montón de aperitivos variados (mi cuñada se empeñó en hacerlos) y una paella tamaño XXL, que después sobró y todos nos tuvimos que llevar tuppers rebosantes.

Poniendo en práctica lo que me contó Inma, intenté ver la reunión como algo bello, irrepetible. Y no sé si fue esa visión mía la que hizo que fuera tan bien.

Era un primor ver la mesa con el mantel de los eventos importantes, la cubertería “lujosa”, no la del día a día, y la cristalería cara. Mi hermano Juan y su mujer María de punta en blanco (ella es de ir siempre muy elegante, hasta para comprar el pan). Marcos también se había arreglado más de lo normal y yo tampoco desentonaba: llevaba puesto un vestido precioso, con estampado de flores muy primaveral. La charla en la comida fue bastante distendida y alguna pulla que pudo soltar mi madre la pude esquivar sin demasiados problemas.

Tras el postre le dimos a mi padre sus regalos: un libro, unas pinturas para sus miniaturas y unas entradas para el teatro. Acto y seguido Marcos se levantó de la mesa para darnos una buena noticia: le habían ascendido en el bufete. Todos aplaudimos, entonces Juan se levantó y dijo: nosotros también tenemos que daros otra noticia: vamos a ser papás. Eso explicaba que mi cuñada hubiese comido poco y no hubiese probado el vino. Todos empezamos a darles la enhorabuena e hicimos un brindis por los futuros papás, los futuros abuelos y tíos y sobre todo por el protobebé. – Pensé que era un poco contradictorio: todos tomando una copa de cava para brindar por la noticia, mientras la madre, gran protagonista en esta historia tiene que brindar con zumo. Cosas de la maternidad. Hacía tiempo que no veía a todos tan felices: todos riendo, haciendo suposiciones si sería niño o niña, si tendría los ojos verdes de su madre y cosas del estilo. Pero claro, en un momento dado, siempre suelen sacar el tema de “¿y aún no tienes pareja?” pero la pregunta solo iba dirigida a mi, que mi hermano Marcos, bien soltero que está, nadie le pregunta. No fue ya tanto la pregunta, sino el tono hizo que un resorte en mi se activara e hizo que se me fuera ligeramente la pinza y dijese una mentira a medias.

– Yo también tengo una noticia: tengo pareja.

No sé que recordaré más si la cara de ilusión de todos por saber que íbamos a ser más en la familia o la cara de mi madre cuando le dije que tenía pareja. Por un lado yo sentía que no mentía, algo tenía y lo mismo de esa forma mi subconsciente me estaba diciendo que Sergio era algo más y que no le podía perder. Me intentaron sonsacar pero les di poca información, solo su nombre y que le había conocido paseando a Marx. Me dijeron que estaba invitado cuando quisiese, que podían hacer una comida o cena para conocerles, pero les dije que quería ir despacio. Cambié de tema, cuando se tiene una embarazada cerca es fácil, pregunté a María sobre los cambios sobre qué tal lo estaba pasando, casi cumplían los tres meses de embarazo pero no se le notaba casi nada. Gracias a eso pude evitar el resto del tiempo preguntas sobre mi relación. Aunque mi hermano pequeño con su gracejo natural empezó a preguntar si lo preguntaba porque sería la siguiente. Pero era muy fácil redirigir al tema del embarazo y del futuro sobrino o sobrina.

Así que cuando terminamos la reunión familiar mi hermano y cuñada me llevaron a casa. Solo me molestó una cosa que me dijeron en el coche, justo al parar el coche en mi portal: “¿Te has inventado el novio para que no te den el coñazo?”. Les contesté con otra pregunta: “¿es tan raro que yo pueda tener pareja?”. Se quedaron callados. Como la forma en la que lo dije fue un poco brusca suavicé un poco mis palabras y les dije que al igual que María tardó en ser presentada a la familia, o que un bebé necesita tiempo para formarse, una relación necesita consolidarse para dar el primer paso. Claro, que no sabía muy bien en qué fase estaba yo. Al salir del coche me dio un vuelco al corazón, me pareció ver a Sergio. Fue coger mis cosas del maletero y volver a mirar y ya no había nadie. Pensé que sería una vez más mi subconsciente, así que respiré tranquila, pero de repente Sergio apareció. Se ve que había dado toda una vuelta para saludarme sin que le viera. Lo cual no solo me irritaba porque le dije que me diera una semana sin contactar conmigo, sino porque había aparecido en el peor momento. Juan no arrancaba el coche, esperando ver si ese era solo un amigo o era mi novio. Yo estaba paralizada y como Juan es muy abierto, no se le ocurrió otra cosa que preguntarle si era Sergio. Y claro, Sergio sorprendido porque alguien le conociese. Mi hermano dejó el coche con los warnings puestos y salió a presentarse y yo simplemente quería desaparecer. Primero porque no me apetecía lo más mínimo que nadie de mi familia le conociese, segundo, porque en ese momento estábamos en una especie de stand by hasta que hablásemos y definiésemos si nuestra relación seguía o no. María también salió y empezaron a contarle que yo no quería soltar prenda de él, que cuánto llevábamos juntos y que otro día quedaba invitado para comer con la familia. Todo pasaba muy deprisa y yo no podía moverme. Miré a Sergio que hablaba muy tranquilo y natural, aceptando la invitación mientras me dedicaba una mirada-reto. Volvía a tener esa sonrisa de seguridad en su cara, seguramente porque ahora jugaba con ventaja: a ojos de mi familia era mi novio, así que si había dicho eso es que le iba a perdonar casi seguro. Y no quería que le fuese tan fácil. Se cayeron todos fenomenal, mientras yo seguía con la cara desencajada. Lo bueno es que empezaron a pitarles, porque no se puede parar donde estaban, así que nos despedimos y ahí nos quedamos Sergio y yo un momento mirándonos sin decir nada. Hasta que él soltó una carcajada y dijo una frase lapidaria:

– Veo que no soy el único que ha mentido.

Cambios

Hoy tenía la séptima sesión y la necesitaba más que nunca. Me sentía confusa, sobre todo por toda la historia de Sergio, no sabía qué pensar y me sentía aún con el orgullo herido. Así que entré con ganas de desahogarme y contarle todos mis miedos a Inma. Para mi sorpresa al entrar vi que el sillón “envolvente” de Inma estaba vacío y que ella estaba en mi sitio. Me hizo pasar y me invitó a sentarme en su sitio. Llevaba una semana sin verla y parecía que hubiese pasado más tiempo. Estaba más morena y llevaba el pelo distinto. Además lucía una sonrisa más grande de lo habitual. Eso me dio una pista de que una vez más su terapia iba a salir de lo común.

– Cambios, muchos cambios. No tienen porqué ser malos. Ahora tu estás en mi lugar y yo en el tuyo. ¿Qué me querrías preguntar…? Sé mi coach durante un momento.-Dijo de forma enigmática.

Me quedé un poco perpleja, pero como Inma es muy excéntrica, entendí que quería hacer una especie de juego de roles. Le ofrecí té como solía hacer ella conmigo y luego le pregunté lo obvio.

– ¿Qué tal las vacaciones?

– Bien, en un destino exótico… Pero no quieres que te hable de dónde he ido ¿verdad?

– ¿Cómo te sentiste con tu familia?- dije imaginando que eso era más bien lo que ella quería que le preguntase.

– Pues una auténtica mierda. Íbamos a estar solos un par de días y luego vendrían mis suegros con los niños pero al final vinieron todos y ni un momento de intimidad. Y la habitación en el hotel muy distinta a la que habíamos contratado. A mi hijo pequeño le picó una araña y le dio una reacción horrenda… -hablaba muy rápido y eso es de lo poco que me llegué a enterar.

Me quedé sorprendida, de cómo pasó de estar aparentemente alegre a empezar a cagarse en todo.

-Vaaaya.

– No te preocupes, que al final lo pasamos bien y todo. No todo fueron penurias. Solo quería contarte esto para que te des cuenta de que muchas veces las personas contamos solo unas pocas cosas y no pedimos ayuda cuando la necesitamos. Que dejamos que lo negativo emborrone todo lo demás: la playa, la comida, el descanso…

– Entonces ¿Nos cambiamos ya de sitio?

– No, prefiero que hoy hagas desde ahí la terapia, a ver cómo te sienta el cambio. Dime, estas semanas han sido movidas, he apuntado una serie de cosas para que comentemos. Primero, para empezar con lo más light: tus padres.

– Me sorprendieron, aunque mi madre soltó algunas de sus perlas finalmente pudimos pasar un rato bastante entretenido. Espero que el día del padre sea igual de “inocuo”, aunque estarán mis hermanos y mi cuñada y cuantas más personas más posibilidades de que la chispa pueda prender.

– No tiene porqué arder nada, ya sabes que el fuego necesita varios elementos esenciales: combustible, oxígeno, calor… si alguno no se da no hay nada que prender. Como se suele decir: dos no discuten si uno no quiere.

– Es más fácil de decir que de hacer.

– Eso está claro. Tu no conoces a mi suegra. Pero difícil no es imposible: recuerda que nadie tiene una familia modélica, en ocasiones hay que aprender a disfrutar de nuestros seres queridos con esos pequeños defectos, aunque sean algo “picajosos”. Hay que saber quitarle hierro al asunto, no debemos molestarnos por tonterías y no saltar a la primera. Y si hay algo que nos molesta, decirlo con claridad y sinceridad, sin molestarnos, como personas adultas que somos. A veces hay gente que no sabe demostrar su amor de una forma: tu madre, por ejemplo, aunque te critique mucho te demuestra el amor… por ejemplo, con la comida. Es una pena que no pueda decir abiertamente “te quiero”, pero hay personas que son así. Intenta ver las reuniones familiares como algo preciado, porque al fin y al cabo son momentos que no se repetirán y cuando falte alguno será cuando te arrepentirás de no haber aprovechado más el tiempo con ellos.

Me quedé pensativa, recordando la triste historia de su padre. Tenía razón, intentaría tomármelo como un evento divertido, no como algo que hacer a la fuerza. Eso sí, aún tenía la duda de cómo evitar las confrontaciones.

– Entonces, si surge alguna disputa ¿qué hago?

– Sé avispada: normalmente se ve cuándo amenaza lluvia, no sé si me explico. Intentar cambiar de tema, sacar alguna historia divertida suele servir. Y procurar, cada vez que alguien suelte alguna puya contestar sin picarte, muy elegantemente, decir que ese comentario no tiene sentido. Si ven que no te molesta dejarán de usar ese sistema. No entrar al trapo es algo esencial, aunque también es cierto que en ocasiones sí que tenemos que defendernos, pero creo que tu reunión familiar irá muy bien.- dijo acercándose a mi y poniendo su mano en mi hombro de forma protectora.- ¿Quieres comentarme algo más?

Había algo que me ardía dentro y no era sobre la cuestión familiar, sino sobre Sergio, tema que me preocupaba y me tenía muy confundía.

– Quería hablar de lo de Sergio: no sé muy bien qué pensar. Por un lado me engañó de alguna forma, por otro lado parecía sincero el otro día.

-Lo de que nunca os preguntasteis si teníais pareja hace que no sea del todo un engaño.- Dijo ella seria.

– Sí, he pensado mucho en ello y en esa parte nunca le pregunté nada y es verdad que notaba algunas cosas raras que nunca me cuestioné. Probablemente porque parte de mi sabía que un chico así no podía estar soltero. Si hubiese preguntado si tenía alguna relación y me hubiese dicho que sí no hubiese hecho nada con él.

– Sí, aunque es posible que te sientas peor por haberle considerado un follamigo cuando él te consideraba algo más.

No le contesté. Me eché a llorar, así, sin más. Había dado de lleno en el blanco. Quería hacerme la dura, la digna, la que se ha ofendido porque la habían engañado. Pero yo era la que solo le tenía para lo que le tenía. Inma me pasó un paquete de pañuelos (esta vez no tenían ninguna imagen picantona) y mientras yo me calmaba ella me decía lo que yo me temía:

– Desahógate lo que necesitas. No es malo que llores, ni siquiera que tengas esa sensación. Si lo reconoces es el primer paso para mejorar. Tu misma dijiste que no teníais nada en común, pero también decías que no hablabais mucho, y siempre acabábais como acabábais y así no hay quien se conozca… eso de no hablar era tan solo un escudo para que no te pareciese apto para ti, que no fuese una opción real para convertirse en tu hombre con todas las connotaciones: amigo, amante, novio…

Escuchar sus palabras me dolía, porque aunque supongo que me había intentado hacer una coraza, finalmente le quería más de lo que pensaba. Eso explicaba porqué le había echado tanto de menos y porqué sufría por su “traición”. Yo lloraba más amargamente e intentaba pedir perdón, por tanta lágrima, Inma le quitaba importancia,

– No pidas perdón por llorar. Hazlo sin miedo. -Sacó más pañuelos que cogí rápidamente- No conozco a Sergio más que por tus escritos, y por lo que me cuentas, pero aunque fuese infiel en un pasado, no quiere decir que lo vaya a volver a hacer. Él es humano como tu y también se equivoca.

– ¡Usó paté para que Marx se acercase! Como un señuelo. Un truco que seguro que usaría para ligar con más chicas.- Dije medio llorando medio riéndome por el truco tan tonto, pero tan efectivo que usó Sergio para romper el hielo.

– Bueno, ¿puedes decirme si se considera más legal el truco del pintalabios que el del paté?

Nos quedamos un momento en silencio. La verdad es que los dos habíamos hecho alguna trampa que otra.

– Puede que tengas razón, pero también siento que no ha sido fiel a su amigo, puede parecer una tontería, pero me imagino que pasase algo parecido con Sandra y conmigo y se me parte el corazón. Yo no podría ¿Cómo pudo hacerlo él?

– Deja tanta empatía, su amigo sabe cuidarse él solito , y lo mismo no supo cuidar lo que tenía en casa. Lo que te tienes que preguntar es si quieres seguir la historia con él o no.

– Es que si hubiese sabido que tenía novia no hubiese hecho nada.

– ¡Pues eso que te has echado para el cuerpo! Pero no me estás contestando.

– Ya lo sé, pero es que no sé lo que quiero. Creo que por ahora necesito algo más de tiempo. Le he dicho que me dé una semana. Nada de buscarme al parque, ni mandarme chats, ni llamadas. Y lo está cumpliendo.

-Bueno, es posible que algo de distancia te haga ver si realmente te importa más de lo que crees. La semana que viene me cuentas si has hablado ya con él y has llegado a alguna conclusión.

– Claro.-Dije algo pensativa

– ¿Y el admirador secreto? ¿Álvaro?

– Alberto. Le he visto en la cafetería, sé que me ha evitado con la mirada y no he querido incomodarle, pero estoy pensando en acercarme a él y hablarle.

– Dicen que la mancha de mora con mora se quita… -dijo con un poco de sorna.

– Nada, solo charlar y ver cómo es no quiero meterme por ahora en más líos.

Y poco más pudimos hablar, porque se nos acababa ya el tiempo. Cuando le pregunté por los deberes que tenía que hacer esta semana simplemente me contestó: “ Vive, descansa, no le des muchas vueltas a la cabeza. Y no te agobies: muchas veces no es mirar cuánto nos falta para llegar a nuestra meta, sino ir mirando los pasos que hemos dado, esos avances también son grandes, no pienses que has desandado camino, todo es un aprendizaje y a veces hay que tropezar, caerse y volverse a levantar.”

Pero claro, es que yo no quería enamorarme del tropiezo.

Días confusos

Hoy volvía Sergio, hoy pondríamos las cartas sobre la mesa. Estaba nerviosa, no por lo que él me iba a decir, que estaba totalmente segura de que se intentaría justificar y defenderse, más bien me preocupaba mi reacción al verle. Era fácil decirle que no por chat, pero tal vez su olor o su sonrisa me hiciesen cambiar de opinión.

Intenté quedar con él otro día, pero él quería verme cuanto antes. Me decía que llevaba días de angustia, pensando cómo estaría, lo mal que lo estaría pasando. “Vaya ahora te preocupas por lo que siento yo”, decía una parte de mi. Ante la insistencia, preferí quedar con él, pero en terreno neutral mejor que en su casa o en la mía, así que quedamos en nuestro parque. Bajé acompañada de Marx, él haría sus cacas y yo me cagaría en Sergio, ese era el plan. Nos encontramos en el banco, aquel en que solíamos sentarnos. Él había llegado antes. Y su ropa estaba impecable, muy elegante, pero de cara se le veía fatal, parecía cansado. Al acercarme vi que no solo era su expresión, es que tenía un ojo morado.

– Hola Claudia – Hizo el amago de darme un beso en la boca, pero yo retiré la cabeza rápìdamente. Algo cortado, se veía que no se esperaba mi reacción, acarició a Marx, que nos miraba expectante y extrañado, tal vez echaba en falta a su amiga perruna Mira – Gracias por venir…-

– Cuéntame que no tengo mucho tiempo- Dije muy distante, con el texto aprendido, que era como imaginaba la escena, intentando no mirarle mucho a los ojos por si me volvía a perder en ellos y me quedaba sin fuerzas para continuar.

– Entiendo. No sé muy bien por dónde empezar, pero solo decirte que es cierto lo que te dije por chat, que hace mucho mi relación con Alicia estaba rota. Que ya no vivíamos juntos desde hacía unos meses porque se fue a trabajar a Barcelona. Sé que te tenía que haber contado esto, quería cortar con ella antes de empezar cualquier relación… y también le debía a decírselo en persona, estas cosas se tienen que hacer cara a cara.

Yo me mantuve callada. No sé si era su expresión de dolor o el moratón en el ojo, pero me estaba entrando una ternura inmensa y me daba ganas de abrazarle. Mi orgullo no lo permitía, por suerte. Y seguía hablando y contándome que yo era una chica maravillosa, que nunca nos preguntamos si había otras personas y todo estaba yendo muy bien entre nosotros.

Ahora parecía que yo era la culpable por no preguntar sus antecedentes y su historial presente. Siguió justificándose, que no digo yo que no tuviera parte de razón, pero no quería dar pie a malinterpretaciones, quería zanjar el tema rápidamente y lo menos indoloro posible. Así que, aunque me dolía en el alma dije las palabras:

– Mira, realmente no tienes porqué justificarte. Lo hecho hecho está, son cosas que pasan. Lo hemos pasado bien, has sido un buen follamigo y ya está.

– ¿Solo he sido eso para ti?

Y puso esa mirada, ESA, entre perro lastimero y persona herida, de forma sincera. Sin duda lo que para mi había sido unos días locos para él era el comienzo de algo más serio. Sus palabras y su lenguaje no verbal hablaban por sí mismos. O eso o era un mentiroso profesional. ¿Ahora qué le decía? No le contesté solo le hice más preguntas para esquivar la bala.

– ¿Y tu amigo? ¿Cómo puede hablar así de ti? Me dijo que ya lo has hecho más de una vez… lo de omitir parte de la verdad… e irte con otras.

– Mi amigo – empezó a decir con risa burlona y bastante molesto- Mi amigo Hugo, mi mejor amigo me ha traicionado.

-¿Porque me dijo la verdad?

– En parte sí. Ha hecho que no quieras escucharme.

– Te estoy escuchando.

– No lo parece. No sabes nada de él y ya le crees y te fías más de él que de mi.

– Tampoco hemos hablado tanto tu y yo, hemos hecho otras cosas pero hablar lo que se dice hablar…

Puso una cara muy seria, y diría que desesperada. Se sorprendió por las palabras tan duras.

– Claudia, entiendo que estés enfadada, pero no te creas que yo soy tan malo y él tan bueno… Si se ha metido entre medias ha sido por venganza.

– ¿Venganza? No entiendo. – dije extrañada, ya no entendía nada.- Mira, no quiero complicarme, lo que tengas con tu amigo no es problema mío. Y no creo que sea un angelito precisamente, pero creo que tiene parte de razón.

Me di la vuelta, a punto de despedirme. Suponía que intentaría ganar tiempo con cualquier excusa para retenerme, porque sabía que ya no me tenía.

-Déjame explicarte, luego puedes irte si quieres para siempre. Creo que me lo debes si has sentido alguna vez algo por mi… – Calló durante unos instantes. No soy una persona de hielo, claro que quería escucharle, pero me daba miedo creerle y caer. En fin, no me haría nada de daño escucharle. Así que le dejé seguir. – Gracias por escucharme. Sí que he sido infiel cuando era joven, pero de un tiempo a esta parte puedo decirte que no…

-Exceptuándome a mi.

– Exceptuándote a ti, sí. Lo que pasó con Hugo es complicado de explicar; no me odies por esto, porque hice algo terrible y es que… Alicia era su chica. Y yo me metí por medio… no fue un capricho. Nos enamoramos y se lo ocultamos durante un tiempo, intentando pensar la manera de hacerle menos daño. Él sabía que su relación no iba bien, pero no es de hablar de sus sentimientos, así que era muy difícil decírselo. Un día, me dijo que notaba algo raro, así que me armé de valor y se lo dije. Ha sido la cosa más dolorosa que he hecho..- Y él se quedó callado, con resignación, pero no me dijo ni una sola palabra. Todo fue muy civilizado: incluso el tema de la perra: como si se tratase de una hija, tomamos la custodia compartida. Es de las pocas cosas que nos pidió y lo respetamos. Aparentemente todo estaba bien, pero se le notaba distante, con toda la razón. Una noche salimos de marcha y acabamos bebiendo mucho y nos pegamos. La primera vez que me he pegado en mi vida ha sido con mi amigo… y la segunda- Dijo señalándose al ojo amoratado.

– Vaya- solo logré decir por la historia tan terrible.

– Entiendo que Hugo quisiese vengarse, sobre todo al ver que la dejaba por ti. Te aseguro que no fue un capricho. Dos años de relación, que para mi es un logro. Pero entiendo que creas que soy un desalmado por hacer eso a mi mejor amigo y luego a mi novia, decirte que no me puedo justificar. Pero a ti no te puedo engañar. Ojalá te hubiese conocido hace dos años. Y ojalá no le hubiera hecho esto a Hugo, él no es así. Siento que he destrozado a mi amigo y a Alicia, siento que todo lo he hecho de puta pena.

Ahora se le veía desesperado y angustiado. Soy demasiado empática como para mantener mi enfado. Si yo no lo veía como algo tan serio, y era un follamigo, no me podía sentir tan mal. Le tenía tan cerca, pero por primera vez no me lo quería tirar, quería saber más de él, consolarle. Le abracé. Apoyó la cabeza en mi pecho. No podía verle la cara pero juraría que estaba llorando. No sé cuánto tiempo permanecimos así, seguro que fueron unos minutos, cuando levantó la cabeza parecía que estaba mejor. Sacó un amago de sonrisa y me preguntó.

– Entonces… ¿me perdonas?

– Yo no he dicho eso.

Pero no me dio tiempo a terminar la frase me dio un beso intenso que no esquivé.

– ¿Cuándo te veré?

– No lo sé.

Le di otro beso Y salí corriendo con Marx, porque pensaba en besarle y consolarle y abrazarle y sabía que si iba por ahí, una vez más acabaríamos como siempre.

La carta

“Hola Claudia,

No me conoces y probablemente no hayas reparado nunca en mi. Que trabajemos en distintos departamentos y en pisos diferentes lo hace más difícil aún. Soy Alberto, el chico de la 7ª planta, trabajo en la sección de informática. Me gustaría conocerte porque me pareces muy interesante. No sé si te vendría bien después del trabajo o algún fin de semana. Si quieres contactamos por correo electrónico por si quieres quedar.”

Corta pero directa. Solo quería conocerme. Y era tímido, aunque se había atrevido a dar el paso y darme esa carta… bueno y anónimamente darme flores y bombones.

Llegué a casa, pensando en la carta y en el chico tímido. ¿Qué debía decirle? ¿Quedar, no quedar? Si solo quería conocerme no creo que importase que estuviese pasando lo que estuviese pasando. Pero no me quise complicar por el momento, así que le quise escribir cuanto antes para dejarle las cosas claras, así que antes de sacar a pasear a Marx le envié un email bastante breve.

“Hola Alberto,

Primero, decirte que aprecio el esfuerzo que has hecho al contactar conmigo. Por otro lado comentarte que no sé si este es el mejor momento para conocerme. Estoy atravesando una época con muchos altibajos y una ruptura y ni yo misma sé quién soy.

Gracias por los detalles que has tenido conmigo.”

Leí y releí el email antes de enviarlo. Quería quitarme dolores de cabeza y zanjar el tema.

Paseé a Marx un buen rato, pensativa. Volví a casa y me di un buen baño; hacía siglos que no me daba uno, porque me gusta ahorrar agua pero también porque mi bañera es bastante pequeña. Me lo preparé como si fuese para un amante: con sales de baño, pétalos de rosa, velas, música relajante y una copa de cava.

En esos momentos estaba tranquila, me sentía libre y feliz, a pesar de toda esa semana de locura.

Preparé una cena ligera y mi idea era leer un rato, tenía una novela a la mitad y hacía días que no la retomaba, entre trabajo, polvos y escritura del blog. Ya tirada en el sofá dispuesta a darme al placer de la lectura, mis ojos se desviaron del libro hacia el ordenador. Sabía que tenía que revisar mi bandeja de entrada por si Alberto me había contestado, aunque una parte de mi no quería hacerlo. Al final pensé que fuese lo que fuese tendría que comprobarlo tarde o temprano y que era probable que si lo dejaba sin mirar no me podría concentrar en la novela. Me levanté y encendí el ordenador. Tenía respuesta.

“Hola Claudia,

Entiendo lo que debes de estar pasando. Yo también estoy pasando una época muy extraña, he perdido a un familiar muy cercano y en estos casos te haces preguntas que no te hacías antes, te sientes perdido en muchos aspectos. Respeto tu decisión si no quieres quedar conmigo si estás pasando una mala época; pero si te animas, me conformo con tomar un café y conocerte”.

Lo mismo no tenía que haberlo leído. Ahora me sentía peor. Yo me sentía mal por mi historia truncada con mi follamigo, y resulta que él estaba destrozado por la muerte de un ser querido. Me sentía egoísta y no sabía qué hacer. Bueno, en parte sí. Le contesté que cuando estuviesen las cosas más calmadas me tomaría con él ese café.

Y así quedó la cosa.

Viernes 13

Hoy viernes 13, ya empezaba a remontar. Reconozco que pensé que sería más difícil recomponerme, no sé si es la experiencia o la edad. Hoy mi cabeza me mandaba mensajes positivos, como que me iba a comer el mundo, que lo de Sergio al fin y al cabo era una follamistad, y como tal nunca podría ser algo duradero.

Me arreglé más que otros días y pisé con más seguridad y garbo que otros días. Y me hice la promesa de no arruinarme el fin de semana. Sabía que el domingo tendría el trance de hablar con Sergio (lo cual no me apetecía nada, pero creo que al menos le debía dejarle que se explicase) Pero mientras, quedaba todo un fin de semana por delante.

Ya era casi la hora de salir, las 15h, que los viernes tenemos horario intensivo y apurando el trabajo y absorta como estaba no me di cuenta de que había un chico esperando. Al principio pensé que estaba esperando a uno de los compañeros que estaban a mi lado, pidiendo unos papeles a una compañera, pero no, porque se fueron y me dejaron sola en el despacho y él seguía clavado. Y me miraba de reojo. Ahí cuadró todo. ¿No sería este mi admirador secreto? El chico me resultaba conocido. No sé si me lo había encontrado alguna vez en el ascensor. Donde sí le ubicaba era en la cafetería, en la hora de la comida; se sentaba cerca de la máquina de refrescos. No es que me llamase especialmente la atención, para mi era otra de las muchas caras de la cafetería, alguien que solía estar en el mismo sitio, a la misma hora, al igual que yo o muchos de mis compañeros.

Estaba cortada, ¿qué se suponía que tenía que hacer? Seguramente no podía haber sido más inoportuno, con todo lo que había pasado esta semana. Recogí rápidamente. Mi idea era saludarle y sostener lo que pudiera la mirada – sin imponerle- solo para darle la oportunidad a hablar por si quería decirme algo.

– Hola.- dije afablemente

-Hola. -contestó él algo cortado.

Se hizo unos segundos en los que esperé a ver si decía algo más. Era un chico alto, delgado, muy bien peinado y con gafas. Podría haber sido un ratón de biblioteca o tal vez el típico friki-informático. (Sin ofender, tengo amigos y amigas friki-informáticos). Como seguía sin hablar tuve que preguntarle.

– ¿Esperabas a alguien?

– Sí, a ti. Vengo a entregarte unos papeles… trabajo de última hora.

Me sentí estúpida, pensando que era el admirador secreto, porque por cómo actuaba daba el pego. ¿Y ahora resulta que tenía que hacer horas extras? Estaba a punto de maldecir al padre del fundador de la empresa, pero antes cogí las hojas que me dio, pero eran folios en blanco.

Él, mientras había aprovechado que estaba ojeando las hojas para darse la vuelta y salir casi corriendo, vamos huyendo. Yo acerté a decirle antes de que cogiese el ascensor:

– ¿Eres el chico de la 7ª planta?

Él solo agachó la cabeza y pulsó el botón. Yo lo interpreté como un “sí”. No sé porqué lo hice, pero ya estaba cansada de tonterías, y quería dejar las cosas claritas. Si tenía algún interés por mi no era el mejor momento y no quería que nadie tuviese ilusiones por mi y no me importaba decírselo clarito: estaba pasando por una ruptura y ya había demasiados corazones destrozados para que hubiese otro más. Así que salí corriendo, pulsé el botón del otro ascensor. Pero no llegaba, así que bajé las escaleras corriendo, de dos en dos. Gracias a que el ascensor de mi trabajo no es muy rápido y mis horas de gimnasio, pude llegar justo antes de que se abriese el ascensor en la planta baja. Es probable que tuviese pintas de loca, jadeando, despeinada y casi bloqueando la puerta del ascensor para que no escapara su ocupante, pero quería hablar con ese chico y dejar las cosas claras.

Su cara fue un poema, estaba rojo, seguramente por vergüenza propia y tal vez ajena (la gente del hall se quedó mirando la escena). Lo que está claro es que no se esperaba que bajara cuatro plantas por las escaleras para interceptarlo antes de que pudiera salir.

– Perdona, solo te quería dar las gracias… pero no hacía falta – dije casi sin aliento.

– De nada.-dijo mientras se escurría entre el marco del ascensor y el hueco que no podía tapar con mi cuerpo, sin volver a levantar la mirada del suelo.

Y salió por la puerta. Sin decir nada más. Iba a perseguirlo, pero ¿de qué hubiese servido?

“Soy el imán de todos los raritos” me dije para mis adentros.

Cogí el ascensor de nuevo, que había dejado todas mis pertenencias en el despacho. Al entrar vi que estaban todas las hojas desparramadas en el suelo, y es que había salido corriendo tirando lo que tenía en las manos.  Al recogerlo me di cuenta de que había un sobre cerrado con mi nombre. Tal vez no quería hablar conmigo, solo dármelo y no sabía cómo, de ahí que se hubieses cortado tanto cuando le perseguí. Curiosa, abrí la carta.

"Tienes que cambiar y una polla de goma no va a cambiar lo que tienes que cambiar."    
-Sandra       


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