Avances

Ayer martes hubo una vez más sesión. Para mi fue muy reveladora. Pensé que Inma me echaría una bronca por no seguir con los consejos, pero no, resulta que no es como mi madre, que ve todo lo negativo; todo lo contrario: me dio la enhorabuena por lo del cambio, aunque hubiese sido por poco tiempo.

– Menuda maratón de lectura que me has ofrecido- Fue lo primero que me dijo al entrar- Acomódate, que saco los apuntes que he hecho de todo lo que has escrito estos días-.

Me senté como era habitual en el sofá doble con los cojines blanditos y con la taza de té de rigor. Eran pequeños detalles que hacían que me sintiese como en casa, hablando más con una amiga que con una terapeuta.

-Me parece curioso que hayas hablado de tu amiga Sandra de forma tan detallada y aún no hayas escrito con detenimiento alguna de tus relaciones amorosas… no pongas esa cara, no es malo, ya tendremos tiempo para hablar de ellos. Además el texto que has dedicado a Sandra evidencia partes de ti misma: tu admiración hacia ella, el anhelo de ciertas características suyas e incluso la envidia: escribes por ejemplo, sobre su trabajo y pones “Ahora tiene una pequeña empresa de 5 trabajadores, lo cual hace que la admire y envidie -sanamente-” o cuando hablas de lo diferente que sois, tu siendo calmada y analítica y ella por el contrario más impulsiva y alocada. Sabes perfectamente que esto se debe a que cada una se crió en un ambiente más abierto o cerrado. Si quieres añadir algo o hacer alguna puntualización…

-Sí, bueno, simplemente, tampoco es que quisiera ser ella, pero sí me gustaría ser algo más atrevida y espontánea… menos miedosa. No sé porqué pero siento que el tema familias nos ha moldeado la forma de ser… no sé si tiene sentido lo que digo: a veces siento que la protección de mi familia me ha robado parte de mi juventud…

-No pensaba llegar a algo tan profundo tan pronto. No te preocupes que hablaremos largo y tendido de la familia. Te confirmo que no eres la única en tener esa sensación. Hay muchas personas adultas de tu edad o con 50 años o más que sienten que aún son unos niños, que deben complacer y obedecer a los padres. Pero a nuestros progenitores les tenemos que apreciar y querer, pero no somos sus esclavos. Hay un momento que hay que cortar el cordón umbilical… Si quieres hablamos ya de esto, o si prefieres que siga con los comentarios de tus escritos y que hablemos de tu paseo con el chico del parque…

Fue en ese momento cuando mis ojos se iluminaron, así que mi coach sexual supo interpretar mi cara y siguió con los apuntes porque, aunque era importante lo que sentía con todo el tema de la sobreprotección familiar prefería hablarle de Sergio.

-Por cierto, gracias por estructurar la información en varios post, hacen que se lean mucho mejor. En tu historia, y como ya me contaste en la anterior sesión dejas muy claro tu papel de niña-adolescente-mujer invisible. Las únicas facetas en las que te sientes cómoda, “normal” y apreciada es con tus amigas. Esto de ir quitando la invisibilidad lo fuiste trabajando con los 3 cambios de la semana pasada “cambio de actitud, cambio de labios, cambio de ropa “, sé que estuviste apenas un día con ello, pero ¿cómo te sentiste?

-Yo diría que lo mejor fue lo del cambio de actitud: el respetarme y no insultarme- Contesté tras pensarlo un momento -Al principio seguía soltando bastantes “soy gilipollas”, después empecé a quedarme con “soy gili…” y luego ya pasé a cambiarlo por “soy humana” y el “puedo permitirme de cuando en cuando fallar”. Eso la verdad ha estado muy bien. Lo de la ropa también fue algo interesante, al igual que el pintalabios, son pequeños cambios pero aparentemente enormes… la gente parecía darse cuenta-.

-Es que se daban cuenta- dijo esbozando una sonrisa victoriosa de “te lo dije”. – Y dime ¿Cómo te sentiste cuando ibas al paseo, bajando por el ascensor, etc…?-

-La verdad es que creo que sin Marx no me habría atrevido, parecía que fuese mi guardaespaldas. Es cierto que cuando me miré al espejo del ascensor me sentí rara, pero a medida que iba paseando por la calle y me imaginaba a mi misma con el look que mostraba, bueno y lo que no mostraba, me sentía… no sé cómo decirlo… poderosa. Sí creo que esa es la palabra que mejor lo describe. Andaba con paso más firme, creo que iba hasta más erguida, segura de mi misma. En el parque estaba bastante relajada, pensando en mis cosas… pero nada de preocupaciones ni de trabajo, sino en cómo iba a cambiar, la ilusión que tenía. Fue entonces cuando me pareció que me cruzaba varias veces con el chico del parque… hasta que nos paramos a hablar. Y nos presentamos-

– Y te atreviste a bromear con él…-

-Sí, no sé aún cómo pude, si normalmente soy una pava con los hombres y más si son atractivos. Pero pude, salieron esas contestaciones de mi boca. De hecho hablé como si le hablase realmente a una amiga-

-De ahí que no te costase. Hay mucha gente que no puede hablar con personas atractivas o guapas, pensando que son totalmente distintas a ellas, cuando todos tenemos las mismas preocupaciones y problemas. Te sorprendería la de complejos que tiene mucha gente guapa. Algunos tienen problemas amorosos: no pueden ligar porque las demás personas piensan que son inalcanzables. Y cuántas veces habré oído a chicas guapísimas quejarse de lo mismo: chico con el que me enrollo, chico que tiene gatillazo. Yo le llamo la maldición de la guapa. Pero no nos vayamos del tema: estabas cómoda hablando con un chico mono. ¿Algo más que quieras comentar del encuentro?

-Me sentí como hacía tiempo no me sentía: poderosa y atractiva. De hecho al llegar a casa pude hablar con mi amiga Sandra por Skype y le pude contar todos los avances. Lo malo fue después, al día siguiente. Según Sandra al no seguir con lo de la ropa interior y pintalabios el sexy-karma me castigó y pasé todo el fin de semana resfriada, enclaustrada en casa.

-No te fustigues… es normal. Todo esto es como coger impulso para dar un gran salto. En ocasiones tenemos que echarnos atrás, desandar unos pasos para poder correr y pegar el salto.- Inma sabía lo que tenía qué decir en el momento justo -Otra pregunta importante ¿Cómo te sientes al escribir tus emociones, pensamiento y tu pasado? ¿Te encuentras cómoda?

– Al principio me costaba horrores escribir, y sentía que era algo forzado, pero poco a poco parece que todo va saliendo “mágicamente”. Y he de reconocer que hace que me sienta más liberada… además mis amigas lo están leyendo y les está gustando. ¡Hasta me dicen de escribir un libro! A lo que yo les contesto: “Sí, me voy a presentar al Premio Planeta o a la Sonrisa Vertical… depende del rumbo que tome la terapia”.

Nos reímos, aunque a Inma le cambió el semblante en cuanto miró a su reloj.

-¡Uy, que nos pasamos de tiempo! No pasaría nada si fuese última hora, pero aún tengo otras dos sesiones, así que te resumo rápidamente tus “deberes”: Escribe sobre tus relaciones amorosas: la historia de Raúl -dijo consultando su libreta- que si no me equivoco era tu primer novio, sobre Diego y sobre cualquier relación que tu interpretes como romántica, ya haya habido encuentro sexual o no.-

-Por otro lado tienes que seguir practicando los 3 cambios, cambio de actitud, cambio de labios, cambio de ropa interior; y a todo esto, deberías añadirle una forma de andar más sexy.- Inma se levantó y paseó moviendo ligeramente el trasero. – Hazlo así, moviendo un poco el culo. Empieza en casa, ensayando frente un espejo. Quiero que te sientas sexy, que notes cómo tus muslos se rozan al andar, siéntete poderosa. No te asustes porque si lo haces bien es posible que al principio te pongas cachonda, por eso es bueno practicar en casa. Y no es malo. Si tienes que tocarte te tocas y ya está. Siente que eres una bomba sexual. El siguiente paso suele costar algo más, así que no hace falta que lo hagas esta semana si ves que no te ves capaz: es masturbarte mirándote al espejo-

Creo que mi cara era un poema. Primero, porque sabía que lo de hablar de mis ex me llevarían varios y extensos textos. Segundo porque no sabía si podría hacer esos ejercicios… no me refiero sólo a lo de tocarme… también a lo de andar de forma más sexy. De hacerlo bien a hacerlo burdamente hay poca diferencia… Pero a estos deberes tenía que hacer una última cosa.

-Y por último, intenta coincidir con el chico del parque. No es que vayas a encontrar al amor de tu vida en él… o sí- Dijo con una sonrisa pícara -pero es una buena forma de practicar. Creo que no están mal tus deberes. ¿Alguna duda?-

Le dije que todo correcto y me puse el abrigo y cogí mi bolso. Antes de despedirme me dio un folleto algo abultado. Salí rápido para que pudieran entrar los siguientes pacientes y me metí en el ascensor en el que había un señor mayor con su nieto de unos 4 años. Ahí abrí el folleto: era de una psicóloga especializada en miedos y fobias. Inma se había acordado de mis palabras dedicadas a mi fobia a hablar en público y aunque se había despedido deprisa no se olvidó de darme la información.

Iba a continuar leyéndolo cuando el niño gritó -¡Ze le ha caído un caramelo a la señora!-. Miré al niño que estaba haciendo el amago de coger el caramelo; miré al abuelo, que tenía cara de perros, y yo no entendía nada, porque no pensaba que eso fuera mío, pero al palpar el folleto noté que era más fino de lo que me había parecido. Miré al suelo y vi un… condón. Lo cogí como pude, sonrojadísima y salí sin decir ni mú.

Ya en casa pude ver con detenimiento la información. Tal vez cuando terminase la terapia sexual haría alguna visita a esa otra profesional de las fobias. Cogí el condón y me fijé que tenía un mensaje escrito con rotulador indeleble: “Por si los chicos del parque”. Sin duda Inma era una terapeuta bastante peculiar.

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"Tienes que cambiar y una polla de goma no va a cambiar lo que tienes que cambiar."    
-Sandra       


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