Cuarta Sesión

Una vez más Inma me dio la enhorabuena por los avances. Primero íbamos a hablar de cómo me había ido la semana y después de todo lo relacionado con mis ex. Prometía ser una sesión muy completa.

Hablamos de lo cómoda que me había sentido andando de forma sensual, reconocí que había momentos que me sentía muy sexy, sobre todo cuando les hice una demostración a las chicas en medio de la calle, practicando exactamente como Inma me había dicho: notando los muslos rozar, sintiendo el placer de caminar, sintiéndome viva. A lo que no llegué fue a tocarme delante del espejo. No sé pero se me hacía extraño.

Después hablamos de Sergio, el chico del parque. Le conté que estaba bastante emocionada pero que no me hacía muchas ilusiones dado mi historial. Ella me dijo que nunca se sabía, pero que si no lo intentaba no sabría nunca si era un chico hecho para mi o no. Le dije que tras el fin de semana de sequía de mensajes -lógica por su escapada con sus colegas- ayer los retomó por si iría a pasear a Marx al parque. Hablamos un poco y acordamos vernos el miércoles si no le importaba, porque me daba miedo que la sesión de hoy me dejase tocada, por tantos temas peliagudos de ex que íbamos a tratar.

Hablamos sobre cómo me sentía en el trabajo.

– Es una mezcla de sentimientos extraña: Por un lado es agradable sentirme atractiva y por otro me irrita que les guste más mi yo maquillada (aunque solo fuese con pintalabios rojo y la BB cream) que mi yo natural. Creo que una persona tiene que llamar la atención no por el físico sino por su trabajo-

– Pero también la belleza interior se saca…- Me dijo Inma sonriendo, y casi riéndose, yo no la entendía muy bien- Es normal que estés molesta porque “prefieren” a ese otro tú; pero recuerda que sigues siendo tú. No es tanto el pintalabios, es que te sientes más segura de ti misma, y pisas con más garbo. Ese es tu yo actual. Somos cambiantes, simplemente has evolucionado. Tu decides si te gusta realmente el yo que estás mostrando-.

Me quedé un momento pensativa, la verdad es que estas últimas semanas habían sido muy interesantes y me había sentido más viva y más animada que nunca. Y he de reconocer que cosas que antes me molestaban, como los cumplidos, ahora me resultaban por lo menos neutrales… mientras fuesen con buen gusto, claro está.

Después la sesión se puso más seria, empezamos hablando de cada ex, de lo que había sentido al escribirlo y de cómo me sentía ahora. Yo le iba contando, agregando detalles a lo que había escrito la semana pasada. Ella por su parte comentaba algo de vez en cuando e iba apuntando en su libreta.

Sobre Raúl: hablamos sobre el trauma que me supuso una relación tan gélida. Seguramente no estábamos preparados y fue algo forzado. Él no fue sincero conmigo ni consigo mismo. Es probable que su inclinación sexual ya estuviese clara pero por presiones de amigos o familia no lo aceptara y por eso intentó conmigo algo que no tenía sentido. Y en aquel momento yo quería seguir la estela de mi amiga; cierto es que Raul me podía gustar un poco pero tampoco estaba preparada. Lo que tenía que hacer es quitarme la idea de que yo le había hecho gay – me extrañó porque nunca escribí eso, aunque ella debió de leer entre líneas, para eso es la especialista. Que a mucha gente le pasa, sale con una persona que es heterosexual y más tarde cuando cambian de orientación se sienten los culpables, cuando es algo latente, que saldrá tarde o temprano con uno u otro detonante.

Sobre Diego: Me dijo que encontrar a alguien así de compatible es muy difícil, pero que no me fustigue: que piense en la suerte que tuve en tener algo así. Que no le diese vueltas a lo que pudo haber sido o al porqué no funcionó. Simplemente no era nuestro momento: “El amor a veces no es suficiente, cuántas parejas han roto a pesar de amarse con locura. También hay que estar en el momento idóneo y tener unos objetivos mutuos. Amar no es suficiente.”

Fue en ese momento cuando me eché a llorar. Me disculpé. Ella me dijo que no tenía porqué pedir perdón, que llorase lo que quisiera. Me acercó unos pañuelos y fui cogiendo uno a uno para limpiar lágrimas y mocos. Estaba llorando más que cuando escribí sobre él y no sabía porqué. Además me sentía mal porque no me gusta llorar en público, ni siquiera llorar en el cine, siempre trato de aguantarme hasta que se me pasa o llego a un lugar más privado.

– Desahógate. Es lo mejor en estos casos. Lo creas o no hay muchas cosas que tienes ahí enquistadas. Hay heridas que se cerrarán pero siempre quedarán las cicatrices. Y no es malo, porque recuerdan por lo que hemos pasado y nos sirve de enseñanza y advertencia para ser cautos en un futuro y aprender de nuestros errores… pero no tenemos que usarlos tampoco para hacernos una protección hermética. Hay que arriesgarse. Hay que vivir-.

Seguía llorando como una magdalena, pero algo hizo que cambiase mis amargas lágrimas de melancolía por lágrimas de risa. Los pañuelos desechables con los que me estaba limpiando, además de tener el logo de la clínica, tenían dibujos de penes y pechos, como si hubiesen sido dibujados por un niño de 6 años. Inma se dio cuenta de porqué lloraba de risa.

– Tengo varios pañuelos según la ocasión, pero estos son mis preferidos, porque precisamente suelen causar esa misma reacción-.

Tras un par de minutos y unos sorbos de té, pude reponerme. Inma retomó el tema ex hablando del sueco.

– Tras una ruptura con una relación larga como la tuya es normal hacer locuras. Nos pasa a todos. Eso sí, eres consciente de la estupidez que fue de hacerlo sin condón. – Dijo muy seria cogiendo un condón de su bol de caramelos y condones- No te voy a echar la bronca porque lo sabes. Por lo demás quiero que me cuentes cómo te sentiste esa noche con él.

Todavía con los ojos rojos y la nariz goteando empecé a recordar esa noche.

– Si te soy sincera, mientras lo recordaba y lo escribía me ponía muy cachonda. Es de las cosas más mágicas que me han pasado. Parecía que estábamos destinados a encontrarnos esa noche. Además todo lo que hacía estaba muy bien, fue tan placentero…

– Pero te fuiste corriendo a la mañana siguiente. Que lo entiendo… ¿No te hubiese gustado volver a verle?

-Lo he pensado alguna vez pero pasado mucho tiempo, porque tras el encuentro me asusté mucho y pensé más en el mal que me hizo, el susto por si me había quedado embarazada o me había contagiado algo, que en si quería repetirlo. Si me lo encontrase hoy, desde luego no me importaría volver a repetirlo… pero con protección claro.

– Es normal. Dices que fue tu vez más placentera, tal vez por el tema ”lo prohibido” y porque estabas despechada.

– Diego era una pareja excelente y pasamos tanto tiempo juntos que conocíamos exactamente dónde tocarnos y cómo hacerlo. La complicidad y el amor que sentíamos hacía que el sexo fuese maravilloso. Pero lo del sueco fue mágico. Siento repetirme, pero es que él sin conocerme supo hacerlo perfecto.

– Ahora hay que tocar el tema de Álex. Supongo que escribir sobre él no fue fácil.

-Creo que me fue más difícil hablar de Diego, porque aún le tengo cariño. En el caso de Álex solo me queda rabia y cenizas. Me hacía sentir pequeña, indefensa. Todo lo contrario que lo que me hacia sentir Diego-.

– Te referías a él como un psicópata-vampiro psicológico… No vas muy desencaminada. El suyo es un perfil de un maltratador. El que te trate como una diosa y al día siguiente como una mierda, el que se le vea tan arrepentido y vuelva a ser la persona más dulce, para una vez más volver a tratarte de una forma denigrante y una vez más recular y ser la persona más amable del mundo lo demuestran-.

– El encantador de serpientes. Lo peor es que mostraba otra cara a la gente. Se ganó a mis amigas. Luego me ganó a mi y después el rumbo que tomó la relación y su traición. Porque yo me sentía traicionada.

-Traicionada no solo porque te engañaba y no se mostraba como era realmente. ¿También tienes pruebas de que además de desleal era infiel?

– No sé si me expliqué bien. Nunca sospeché de él, y eso que debería haberlo olido, por sus distintas facetas. Pero cuando tuvimos aquella discusión tras encontrarnos con Diego lo supe. Si estaba tan celoso es que creía que yo hacía lo mismo que me estaba haciendo él. Además lo tenía fácil con sus giras, y con las compañeras que tenía. Pero nunca sospeché, inocente de mi. Lo peor de todo es que él siempre ha creído que le dejé porque me ponía los cuernos. Si le dejé era porque me tenía demasiado aprecio a mi misma como para que me maltratase así-.

-Eso es muy maduro, no creas que mucha gente llega por sus propios medios a salir de ahí- Mientras me lo decía recordé a mi amiga Carmen, con una historia parecida. Con el agravante de que el maltrato muy pronto pasó de ser verbal a físico y brutal. Su punto de decir basta fue cuando pegó a su hija. Hay gente que no puede defenderse a sí misma, pero no puede permitir que le pase algo malo a sus seres queridos.

Inma me dio un respiro esa semana con mis deberes: simplemente me pidió que siguiese en la misma línea, pero que añadiese un pequeño ejercicio para potenciar mis sentidos cuando tuviese ratos libres, como cuando fuera camino al trabajo o hiciese un descanso en la comida. Consistía en cerrar un momento los ojos y tocar el asiento del autobús, percibir las texturas, maravillarme de lo que las yemas de mis dedos eran capaces de sentir. Lo mismo con la comida: degustar y olfatear la comida como si fuese la primera vez. Solo eso. Sin nada sensual de por medio. Tendría que ir apuntando en una libreta las sensaciones y no hacía falta que lo escribiese en el blog, porque luego hablaríamos de ello en la siguiente sesión y así sería más impactante y novedosa la sesión, para ella y para mi.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

"Tienes que cambiar y una polla de goma no va a cambiar lo que tienes que cambiar."    
-Sandra       


Algunos derechos reservados