Descubriendo la verdad

De camino al parque recibí la llamada de Sandra, íbamos a quedar para ir a la piscina y se me había olvidado completamente. Le conté lo ocurrido durante el día y que iba a zanjar el tema Sergio, a lo que ella me intentó convencer de que no me estresase: que lo mismo solo necesitaba pasarlo bien con alguien sin complicaciones, que lo mismo él también sentía lo mismo y solo quería fornicio. “Relaja la raja, déjalo fluir, lo mismo hoy ha sido un mal día. Piénsatelo y habla con él”. Su voz se había puesto muy seria de repente, estaba a punto de llegar al parque, así que quedé en llamarla más tarde para contarle.

Di unas vueltas, pero Sergio no aparecía. Supongo que era el karma, que me castigaba, y lo tenía merecido. Estaba confusa, ¿cómo le dices a alguien que te quieres alejar y no porque haya nada malo en la relación…? Estaba pensando en salir corriendo, cuando a lo lejos vi a Sergio. Ya era tarde para escapar. Recordé mi primera sesión con Inma, que estuve a punto de no asistir por miedo. Lo que me hubiese perdido. Tenía que afrontarlo, le dejase o siguiese con lo que estuviésemos haciendo no iba a dejar que el miedo me dominase. A medida que se acercaba mi corazón se aceleraba más y más. Estaba espléndido, hay que reconocerlo. No sabía si saludarle dando dos besos, un pico… pero él se adelantó dándome dos besos, lo cual me alivió bastante. Me preguntó qué tal mi día y le dije la odisea, que todo me salía mal y que incluso me había salido un admirador

– Pero eso es bueno ¿no? Bueno, para ti, que para mi no, que tengo más competencia.- Bromeaba y eso era bueno.

– No creo, me gusta que las cosas vayan más despacio…-Me alegré de comentarlo, así además se dejaba claro por dónde quería llevar la conversación.

– Bueno, cualquiera diría lo contrario a juzgar por lo del sábado.

Me puse roja, rojísima. Y él se dio cuenta y creo que por la sonrisa traviesa le gustaba, porque una vez más me llevaba a su terreno: se le veía más seguro que nunca. Yo no sabía qué decirle. Estaba cortadísima, parecía mentira que el otro día me echase a sus brazos y ahora estuviese así. El mirarle a los ojos no ayudaba, así que miré su boca… craso error, esa sonrisa enmarcada por su perfecta perilla me estaba perdiendo. No tenía ahora tan claro el querer acabar con todo el tema. Sergio tampoco decía nada y me retaba con su mirada. De nuevo se podía palpar la electricidad, la atracción sexual… pero él seguía con las miraditas desafiantes y yo con mi indecisión. Pero la tirantez se rompió en un instante: Se ve que Marx no perdía el tiempo y estaba montando a Mira.

– Vaya, este sí que sabe. – Dijo riéndose Sergio.

– ¡Madre! ¿Mira está esterilizada? Porque si no vamos a tener un problema muy grande.

– ¿El convertirnos en familia numerosa? Bah, crecí con un hermano y una manada de primos, así que estoy acostumbrado.

Acabamos riéndonos. Él estaba guapo cuando se hacía el duro, pero más aún cuando se le veía algún rasgo de fragilidad y cuando reía parecía más humano y eso me perdía.

Marx había terminado la faena. Solo le faltaba el cigarrillo de después. Mira estaba con una expresión como de “¿qué ha pasado aquí?” No se había enterado mucho la pobre. Bromeé sobre ello.

– ¿Quieres que vayamos a tomar algo?- Me preguntó él.

Y no sé porqué lo dije, pero lo dije.

– No, quiero ir a tu casa.

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"Tienes que cambiar y una polla de goma no va a cambiar lo que tienes que cambiar."    
-Sandra       


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