Días confusos

Hoy volvía Sergio, hoy pondríamos las cartas sobre la mesa. Estaba nerviosa, no por lo que él me iba a decir, que estaba totalmente segura de que se intentaría justificar y defenderse, más bien me preocupaba mi reacción al verle. Era fácil decirle que no por chat, pero tal vez su olor o su sonrisa me hiciesen cambiar de opinión.

Intenté quedar con él otro día, pero él quería verme cuanto antes. Me decía que llevaba días de angustia, pensando cómo estaría, lo mal que lo estaría pasando. “Vaya ahora te preocupas por lo que siento yo”, decía una parte de mi. Ante la insistencia, preferí quedar con él, pero en terreno neutral mejor que en su casa o en la mía, así que quedamos en nuestro parque. Bajé acompañada de Marx, él haría sus cacas y yo me cagaría en Sergio, ese era el plan. Nos encontramos en el banco, aquel en que solíamos sentarnos. Él había llegado antes. Y su ropa estaba impecable, muy elegante, pero de cara se le veía fatal, parecía cansado. Al acercarme vi que no solo era su expresión, es que tenía un ojo morado.

– Hola Claudia – Hizo el amago de darme un beso en la boca, pero yo retiré la cabeza rápìdamente. Algo cortado, se veía que no se esperaba mi reacción, acarició a Marx, que nos miraba expectante y extrañado, tal vez echaba en falta a su amiga perruna Mira – Gracias por venir…-

– Cuéntame que no tengo mucho tiempo- Dije muy distante, con el texto aprendido, que era como imaginaba la escena, intentando no mirarle mucho a los ojos por si me volvía a perder en ellos y me quedaba sin fuerzas para continuar.

– Entiendo. No sé muy bien por dónde empezar, pero solo decirte que es cierto lo que te dije por chat, que hace mucho mi relación con Alicia estaba rota. Que ya no vivíamos juntos desde hacía unos meses porque se fue a trabajar a Barcelona. Sé que te tenía que haber contado esto, quería cortar con ella antes de empezar cualquier relación… y también le debía a decírselo en persona, estas cosas se tienen que hacer cara a cara.

Yo me mantuve callada. No sé si era su expresión de dolor o el moratón en el ojo, pero me estaba entrando una ternura inmensa y me daba ganas de abrazarle. Mi orgullo no lo permitía, por suerte. Y seguía hablando y contándome que yo era una chica maravillosa, que nunca nos preguntamos si había otras personas y todo estaba yendo muy bien entre nosotros.

Ahora parecía que yo era la culpable por no preguntar sus antecedentes y su historial presente. Siguió justificándose, que no digo yo que no tuviera parte de razón, pero no quería dar pie a malinterpretaciones, quería zanjar el tema rápidamente y lo menos indoloro posible. Así que, aunque me dolía en el alma dije las palabras:

– Mira, realmente no tienes porqué justificarte. Lo hecho hecho está, son cosas que pasan. Lo hemos pasado bien, has sido un buen follamigo y ya está.

– ¿Solo he sido eso para ti?

Y puso esa mirada, ESA, entre perro lastimero y persona herida, de forma sincera. Sin duda lo que para mi había sido unos días locos para él era el comienzo de algo más serio. Sus palabras y su lenguaje no verbal hablaban por sí mismos. O eso o era un mentiroso profesional. ¿Ahora qué le decía? No le contesté solo le hice más preguntas para esquivar la bala.

– ¿Y tu amigo? ¿Cómo puede hablar así de ti? Me dijo que ya lo has hecho más de una vez… lo de omitir parte de la verdad… e irte con otras.

– Mi amigo – empezó a decir con risa burlona y bastante molesto- Mi amigo Hugo, mi mejor amigo me ha traicionado.

-¿Porque me dijo la verdad?

– En parte sí. Ha hecho que no quieras escucharme.

– Te estoy escuchando.

– No lo parece. No sabes nada de él y ya le crees y te fías más de él que de mi.

– Tampoco hemos hablado tanto tu y yo, hemos hecho otras cosas pero hablar lo que se dice hablar…

Puso una cara muy seria, y diría que desesperada. Se sorprendió por las palabras tan duras.

– Claudia, entiendo que estés enfadada, pero no te creas que yo soy tan malo y él tan bueno… Si se ha metido entre medias ha sido por venganza.

– ¿Venganza? No entiendo. – dije extrañada, ya no entendía nada.- Mira, no quiero complicarme, lo que tengas con tu amigo no es problema mío. Y no creo que sea un angelito precisamente, pero creo que tiene parte de razón.

Me di la vuelta, a punto de despedirme. Suponía que intentaría ganar tiempo con cualquier excusa para retenerme, porque sabía que ya no me tenía.

-Déjame explicarte, luego puedes irte si quieres para siempre. Creo que me lo debes si has sentido alguna vez algo por mi… – Calló durante unos instantes. No soy una persona de hielo, claro que quería escucharle, pero me daba miedo creerle y caer. En fin, no me haría nada de daño escucharle. Así que le dejé seguir. – Gracias por escucharme. Sí que he sido infiel cuando era joven, pero de un tiempo a esta parte puedo decirte que no…

-Exceptuándome a mi.

– Exceptuándote a ti, sí. Lo que pasó con Hugo es complicado de explicar; no me odies por esto, porque hice algo terrible y es que… Alicia era su chica. Y yo me metí por medio… no fue un capricho. Nos enamoramos y se lo ocultamos durante un tiempo, intentando pensar la manera de hacerle menos daño. Él sabía que su relación no iba bien, pero no es de hablar de sus sentimientos, así que era muy difícil decírselo. Un día, me dijo que notaba algo raro, así que me armé de valor y se lo dije. Ha sido la cosa más dolorosa que he hecho..- Y él se quedó callado, con resignación, pero no me dijo ni una sola palabra. Todo fue muy civilizado: incluso el tema de la perra: como si se tratase de una hija, tomamos la custodia compartida. Es de las pocas cosas que nos pidió y lo respetamos. Aparentemente todo estaba bien, pero se le notaba distante, con toda la razón. Una noche salimos de marcha y acabamos bebiendo mucho y nos pegamos. La primera vez que me he pegado en mi vida ha sido con mi amigo… y la segunda- Dijo señalándose al ojo amoratado.

– Vaya- solo logré decir por la historia tan terrible.

– Entiendo que Hugo quisiese vengarse, sobre todo al ver que la dejaba por ti. Te aseguro que no fue un capricho. Dos años de relación, que para mi es un logro. Pero entiendo que creas que soy un desalmado por hacer eso a mi mejor amigo y luego a mi novia, decirte que no me puedo justificar. Pero a ti no te puedo engañar. Ojalá te hubiese conocido hace dos años. Y ojalá no le hubiera hecho esto a Hugo, él no es así. Siento que he destrozado a mi amigo y a Alicia, siento que todo lo he hecho de puta pena.

Ahora se le veía desesperado y angustiado. Soy demasiado empática como para mantener mi enfado. Si yo no lo veía como algo tan serio, y era un follamigo, no me podía sentir tan mal. Le tenía tan cerca, pero por primera vez no me lo quería tirar, quería saber más de él, consolarle. Le abracé. Apoyó la cabeza en mi pecho. No podía verle la cara pero juraría que estaba llorando. No sé cuánto tiempo permanecimos así, seguro que fueron unos minutos, cuando levantó la cabeza parecía que estaba mejor. Sacó un amago de sonrisa y me preguntó.

– Entonces… ¿me perdonas?

– Yo no he dicho eso.

Pero no me dio tiempo a terminar la frase me dio un beso intenso que no esquivé.

– ¿Cuándo te veré?

– No lo sé.

Le di otro beso Y salí corriendo con Marx, porque pensaba en besarle y consolarle y abrazarle y sabía que si iba por ahí, una vez más acabaríamos como siempre.

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