El momento estúpido

El momento estúpido, ese en el que piensas ¿en dónde me he metido? ¿Por qué he venido? ¿Aún tengo tiempo de salir de aquí? Nunca me han gustado las salas de espera, y mucho menos las tienes que sufrir cuando vas al médico. Todo depende del tiempo de espera, claro, pero por lo general siempre surten en mi un efecto laxante: como si me hubiera tomado 3 cafés seguidos, de máquina de monedas, de una máquina muy sucia. A los 5 minutos ya no sé ni cómo sentarme y enseguida empieza el tic nervioso en mis piernas; el siguiente paso siempre es pensar si debería quedarme de pie o dar una vuelta por la habitación… y hoy no era un día distinto: en la sala de espera no había nadie, pero llevaba casi media hora esperando y me estaban entrando ganas de salir corriendo y no entrar en la consulta.

La culpa en parte era mía, mi puntualidad siempre hacía que llegase demasiado pronto, o como mi amiga Sandra solía decir: “eso también es ser impuntual”. Claro que ella siempre llegaba media hora tarde. Se puede decir que hacíamos una buena media. Fue precisamente ella la razón por la que me encontraba ahí, por un regalo de cumpleaños que me hizo no sé si demasiado certero: unas sesiones de una coach sexual. En ese momento pensé si no hubiera sido mejor que me regalara directamente un vibrador, pero ella y sus sabias -y también bastas- palabras me convencieron: “tienes que cambiar y una polla de goma no va a cambiar lo que tienes que cambiar”. Así de directa es Sandra. Y le dio igual decirlo a pleno pulmón en medio de la cafetería abarrotada de gente.

Por suerte la puerta de la consulta se abrió finalmente y de ella salió una pareja de chicas, agarradas de la mano, con una sonrisa de oreja a oreja. Me pregunté si el tipo de coaching que hacía sería práctico o teórico… Mi cabeza e imaginación volaban “¡Qué bochorno! ¿Qué me tendré que hacer? Me tengo que ir.” Me apresuré a coger mis cosas y salir corriendo de ahí. “¿Esto es un regalo o una tortura? Adiós coach sexual…” Pero una voz rasgada proveniente de la consulta me llamó por mi nombre y ya era demasiado tarde para dar marcha atrás. Resignada entré en la consulta -Total, para entrar y huir siempre había tiempo- pensé entonces.

Los primeros minutos fueron los peores, me hizo sentarme en un sofá doble con cojines muy suaves y mullidos, que me hacían sentir bastante cómoda -dentro de la situación- pero a la par me hacían pensar qué habían estado haciendo en él otros pacientes anteriores -En ese sentido soy muy escrupulosa-. Para no pensar en eso hice un escaneo rápido a la sala: suelos de tarima claros y paredes pintadas en tonos pastel, nada recargada y bastante neutral frente a cualquier consulta de médico. Una pequeña mesa de cristal frente al sofá me separaba de la doctora, sentada en un sillón que la envolvía completamente. Al otro lado de la sala podía ver un escritorio y unas baldas llenas de libros y carpetas, con dos muñecos desnudos haciendo las veces de sujetalibros. Una gran ventana junto al escritorio llenaba la estancia de luz, difuminada por un estor que daba cierta intimidad, y el resto de paredes quedaban ocupadas por diversos cuadros y diplomas. Mientras la terapeuta rellenaba una ficha y antes de que se presentara, si no me falla la memoria, me preguntó que qué miraba. Estaba tan cortada que no supe muy bien qué contestar, me salió algo así como “muybonitaladecoración”. Pero parecía que no prestaba atención a lo que le había contestado. Me ofreció un té que acepté rápidamente para calmar mi garganta, cada vez más seca por los nervios. A continuación empezó un monólogo, el cual intentaré reproducir aunque es bastante difícil, porque dijo mucho en poco tiempo.

– Soy Inma Balaguer, psicóloga, terapeuta y coach sexual. Por favor llámame Inma. Me gusta también decir que soy ayudadora, pero antes de empezar querría aclarar algunos de estos términos para que no te lleven a confusión: Uso el término coach, que sé que es una palabra muy manida porque hoy en día cualquiera utiliza ese término para todo: coach para la vida, para el trabajo, para el estilismo, para los perretes… Un coach al fin y al cabo es un guía, alguien que saca el mejor potencial que hay en ti. Hay muchos que se hacen llamar “coach”, pero no todos lo son realmente. Yo te intentaré guiar y hacer que mejores tu vida y salud sexual, no te preocupes que mis consultas son teóricas y aquí no hay que desnudarse- debió de mirar mi cara de preocupación. Tras la aclaración me relajé y me dejé caer un poco en el sofá.- Soy psicóloga y me especialicé en sexualidad humana, también he de decir que he probado muchas cosas, soy de mente bastante abierta, de ahí que quisiera emprender y dejar mi trabajo como psicóloga al uso, para ayudar a enriquecer la vida sexual y la salud de las personas. Ya sea por traumas o simplemente porque se quiera mejorar, porque no nos engañemos, en todo se puede mejorar, estoy aquí para ayudarte-.

A continuación hizo algo que no me esperaba: sacó un puñado de confeti del bolsillo y lo tiró encima mío, diciendo: -¡Bienvenida a tu primer día de mejora! Y ahora es tu turno, debes decirme porqué estás aquí y qué quieres mejorar- .

Mi cara de estupefacción lo decía todo. Caían puntitos de papel brillante y no sabía muy bien si se trataba de una broma muy elaborada de mi amiga, una cámara oculta o qué. Así que como no respondía ella volvió a repetir -Que no te despiste el confeti, es algo que me gusta hacer para demostrar que no hay nada escrito, que elegimos hacer las cosas como queremos hacer, que hay que intentar cosas nuevas, porque esta sociedad está muy encerrada en el sota-caballo-rey… y no me refiero a posturas sexuales o a tríos, no sé si me explico… Pero vamos, tómate tu tiempo para contestarme: ¿porqué estás aquí?-

A pesar de lo bizarra que se presentaba la situación he de decir que sentía curiosidad. En la pared había títulos colgados: uno de universidad, licenciatura en psicología; otros de numerosos cursos; otro que parecía hecho por un niño de 5 años… excepto ese último los demás me inspiraban confianza, así que decidí aprovechar la sesión, total no perdía nada por probar.

Empecé a pensar en cómo podría ayudarme. Mi cabeza iba a mil… quizás era por la cantidad de información que había recibido en tan poco tiempo (hablaba muy rápido y yo suelo ir a menos revoluciones) Así que la cuestión era ¿cómo podía condensar mis problemas en tan poco tiempo? tenía handicaps de todo tipo: no tenía pareja estable, mis relaciones con los hombres no eran del todo fluidas, no se me daban del todo bien. Tenía muchos tabúes y dudas, algo ya crónico que me venía de mi familia conservadora. Indecisa entre decirle eso o dar una respuesta más simple del tipo: “una amiga piensa que me podría venir bien unas sesiones”. Acabé resumiéndole un poco mis circunstancias.

Ella iba apuntando en la ficha, lo que parecían palabras sueltas. Luego me preguntó cuántas relaciones había tenido, novios y orientación sexual. Realmente todo me parecía muy extraño, como si estuviese flotando en una nube. No es que estuviese incómoda, pero contarle cosas, aunque fuesen muy por encima a una desconocida se me hacía raro y más incluso entrando en los temas más íntimos. Tras terminar ella se quedó unos instantes callada y pensativa, de repente su voz sonó más rasgada que anteriormente -me recordó más a una bruja de cuento que a una terapeuta- y me resumió cómo sería las sesiones conmigo.

– Bueno, cada persona es un mundo. Aquí trato también a parejas, a gente con distintos problemas y creo que lo que le viene bien a uno no tiene porqué irle bien a otro. Por lo que he podido ver hasta ahora eres una persona tímida, introvertida y con problemas de comunicación con el otro sexo. Noto que no te sientes del todo cómoda hablándole a una desconocida como yo de tus intimidades, por eso, hoy que es el primer día lo vamos a dejar aquí si te parece, pero te dejo “unos deberes”: Ya que tenemos 10 sesiones creo que de esta forma podrás sacarle el máximo provecho… Los deberes son para que tengas listo el próximo día: y no, no te voy a pedir que te leas 50 Sombras de Grey… -señaló un cartel en la pared en la que ponía “prohibido hablar de 50 Sombras de Grey” que me intrigó, pero no pude preguntarle porque siguió hablando- El ejercicio es que escribas un texto, en un blog o un diario, en el que describas cómo te has sentido cuando has entrado aquí, que cuentes tus experiencias de la semana y las expectativas que tienes. Además puedes incluir cualquier anécdota del pasado que creas que es relevante. Si me hicieses llegar esa información antes de la próxima sesión podríamos hablar un poco más en profundidad y ver por dónde empezar y cómo seguir.

¡Ah! y también lee esta información, para que tengas una orientación y te sientas más cómoda la próxima vez que vengas aquí.
Me dio la mano, me entregó un cuadernito con la información y me acompañó a la puerta, tenía la sensación de estar, una vez más, flotando, pero ahora no era por miedo, nervios o vergüenza. Empezaba a sentir curiosidad y me empezaba a seducir la idea de poder cambiar ciertas partes de mi que no me gustaban nada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

"Tienes que cambiar y una polla de goma no va a cambiar lo que tienes que cambiar."    
-Sandra       


Algunos derechos reservados