El Paseo de Marx

Siguiendo las pautas de Inma -cambio de actitud, cambio de labios, cambio de ropa interior- nada más salir de la consulta me fui a un gran centro comercial a comprar el pintalabios rojo y la ropa íntima sexy.

Elegir la ropa interior me costó menos de lo que imaginaba: me compré un par de conjuntos a juego (que soy un desastre y siempre llevo el sujetador de un color y las bragas de otro). El primero era rojo con cintas y detalles en beige, el segundo más picantón en rojo y con encajes negros. Preciosos. Me los probé y no me veía nada mal: disimulaba lo que tenía que disimular y aumentaba lo que quería aumentar.

Elegir el labial fue otro cantar: ya no solo por la cantidad de marcas disponibles, sino por la cantidad de tonalidades de rojo, algunos tirando más a naranjas y fucsias, otros más rositas, otros más granates… sin hablar de sus denominación: rouge, ruby, velvet, red, cherry… tantos matices me estaban mareando, unido a la mezcla de olores de la sección de perfumería/cosmética que no ayudaban en mi búsqueda. Finalmente pregunté a una de las dependientas, que me recomendó un Rojo intenso tirando al fucsia con acabado mate.

Con la cabeza como un bombo por tal ataque olfativo volví a casa, a lavar mi nueva ropa interior porque al día siguiente probaría el cambio de ropa, de labios y tal vez de actitud… Aunque empezamos mal: la lavadora no centrifugó bien la ropa con lo cual no la podía estrenar a la mañana siguiente. Encima dormí fatal y fui sumando pequeños desastres -rotura de mi taza favorita y casi cortarme medio dedo al intentar salvarla- Así que con todo el lío se me olvidó coger el pintalabios. Resultado: una vez más la misma Claudia se fue a trabajar igual que cualquier otro día pero sumándole a eso una dosis de mala leche por todos los contratiempos.

Al menos el curro dio una tregua y todo fue como la seda. Cuando llegué a casa por la tarde tenía ya mejor humor y Marx, mi Golden Retriever, me daba la bienvenida con sus cariñitos perrunos. Le solía sacar sobre las 20h pero me apeteció darle el paseo un poco antes y poder dar una vuelta un poco más larga, en lugar de bajarle al parque que estaba cerca de casa llevarle a uno que estaba más lejos pero era más grande y bonito por los grandes árboles y caminos cuidados. Además, pensé que era buen momento para estrenarme esa ropa interior sexy y el pintalabios, ahora que iba acompañada de un amigo. No cambié nada de lo demás: misma ropa, mismo abrigo y mismas botas calentitas.

Al bajar por el ascensor me miré en el espejo: era curioso como solo el detalle del pintalabios hacía que pareciese que me había maquillado completamente. No sé si era un aire más sofisticado, pero parecía de alguna forma otra persona. Salí del ascensor con paso firme a la calle, iba más segura de mi misma, hasta Marx parecía que se daba cuenta de que algo pasaba y andaba con más porte. Nos dirigimos a paso rápido hacia el parque. En unos 10 minutos llegamos, estaba tan animada que no me parecía que hiciese frío. Me daba la sensación de que me miraban más de lo normal y tuve que sacar un espejo para ver si tenía un moco colgando o algo extraño en la cara, pero no, tenía que pensar que era por algo bueno y no por algo malo. Al rato noté algo extraño: me crucé un par de veces con un chico muy mono, que paseaba a un beagle muy gracioso -era algo bizco-… bueno técnicamente he de decir que me crucé con un beagle que era paseado por un chico mono. Porque la primera vez que nos cruzamos solo me fijé en el perro, iba demasiado centrada en mis pensamientos como para reparar en otras cosas… La segunda vez me fijé en el dueño: he dicho chico, pero siempre me refiero así a los hombres tengan la edad que tengan (hasta los 40, claro). Así que el sujeto en cuestión era un chico de unos 30-35 años, pelo castaño corto excepto en la parte delantera, que llevaba algo más largo y engominado a lo erizo, perilla y una bonita sonrisa. No sé si me sonrió a mi o la llevaba puesta de serie. Poco más pude ver porque como Marx compartía mi ánimo íbamos a un paso más de marcha que de paseo.

Ahí empecé a pensar -que soy mucho de comerme la cabeza y hacer tesis de las cosas más insignificantes-  si era el mismo perro y dueño con el que acababa de cruzar hacía unos minutos. Y es que el parque es lo bastante grande como para no cruzarte con alguien al menos pasados 5 minutos. Pensé si es que se había metido por otro de los caminos que atravesaban el parque o si había querido cruzarse conmigo. “¡Que estupidez! ¿cómo va a desviarse por mi?”. Seguí con otros pensamientos, hasta que, pocos minutos después me volví a cruzar con él. Creo que me puse roja porque él me estaba mirando fijamente y se dirigía directamente a mi… pero no era el único que estaba acercándose, yo también lo hacía. En un principio pensé que era mi subconsciente, o eso del cambio de actitud… pero pronto me di cuenta de que era Marx el que tiraba de mi y se acercaba a su beagle… Empezó a saludarle dándole lametazos en la cara y los morros. Lo cual me extrañó, Marx no suele ser tan directo, al igual que yo, pero había otras cosas que captaron mi atención. El chico me saludó, diciendo algo de qué bonito perro y si le había gustado su perra… Tras el empanamiento inicial pude reponerme y actuar más o menos de forma normal. Creo que nuestro diálogo fue algo así:

-Sí.- Dije medio riéndome- Este es Marx, mi mejor amigo. La verdad es que no suele ser tan efusivo con desconocidos… desconocidas – dije recordando que me había dicho que era hembra- ¿está en celo?

-No… y ella tampoco. – La forma en la que lo dijo, tan serio y aguantándome la mirada. Hizo que soltase una carcajada. Parecía una adolescente. – Permíteme presentarme: me llamo Sergio y ella es Mira.

Ese era mi momento, dudé entre presentarme o salir corriendo. Pero no quería que mi timidez se saliese una vez más con la suya. ¿Qué mejor momento que ese para demostrarme que podía cambiar de actitud? Tardé unos segundos en reponerme entre la risa y los nervios. Y me presenté.

-Yo soy Claudia y este es Marx- Y con la seguridad que me otorgaban el poder de las bragas y el sujetador sexy (como si fuese He-Man con el poder de Greyskull) me acerqué a darle los dos besos de presentación. Olía bien, por cierto. Iba ganando puntos. Al separarme de él me di cuenta de que le había dejado las marcas de los besos. Pensé en si decírselo o no. Hice un amago de decírselo, pero como siguió hablando, me pareció poco apropiado. Además sería tal vez más gracioso que al llegar a casa se diese cuenta y se acordase de mi..

-¿Marx por los hermanos o por el pensador?

-¿Mira por la actriz o por el verbo? – No hay nada como contestar con una pregunta y se vio que no se lo esperaba, que era él el que bromeaba, así que aproveché su sorpresa para proseguir- No me hagas caso, en principio por el filósofo, aunque siento también debilidad por el arte de los hermanos Marx.

– ¿Vienes mucho por el parque?

-Pues la verdad es que suelo ir a otro que me pilla más cerca… – Paré ahí, pensando si podría ser un psicópata o algo así.- Pero últimamente prefiero pasear por aquí, que es un parque más grande y más bonito.

-Y las perras aquí son más interesantes, ¿verdad Marx?- Dijo Sergio, agachándose a la altura de mi perro y acariciándole la cabeza.

Esa era la primera vez que veía a alguien bromear con mi perro. Marx es más bien serio, y no le suelen gustar mucho los hombres, pero parecía que este le caía bien. O él, o su perra hacía que se sintiese a gusto. Y la verdad es que ver a un hombre hecho y derecho tratar así de tiernamente al perro estaba haciendo que me pareciese más guapo aún… Además pude verle con más detenimiento mientras le hacía carantoñas: era bastante atractivo, de esos hombres que parecen descuidados, como el detalle de su perilla, de varios días, descuidada a propósito. Tenía unos ojos marrón claro y una bonita sonrisa. En la actitud parecía bastante seguro de sí mismo . Me preguntaba si él también tendría algún superpoder de ropa interior sexy. En esa seguridad me recordaba a alguien pero no lograba recordar a quién… hasta que escribiendo esto me vino la asociación: me recordaba un poco a Robin Thickle -el que canta Blurred Lines- y aunque a mi me dan mucho por saco esos tíos que van de sobrados, decidí por una vez no ser borde y ver a qué llevaba esto. Sin ninguna prisa ni estrés. (Punto 4 del decálogo: “Relajación para aprender, relajación para amar”. )

Hablamos de alguna cosa sin importancia como el tiempo y me preguntó si volvería al día siguiente.

-Tal vez nos pasemos un rato.-

Y así nos despedimos Marx y yo, haciéndonos los interesantes-distantes. No me podía creer lo que acababa de suceder: Yo flirteando con un extraño en el parque.

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"Tienes que cambiar y una polla de goma no va a cambiar lo que tienes que cambiar."    
-Sandra       


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