El Reencuentro

Siguiendo los consejos de Inma, la terapeuta sexual, quería intentar de nuevo todo los cambios que ella me proponía. Al llegar a casa, tal y como había hecho la semana pasada, me puse la ropa sexy y el pintalabios rojo y salí a pasear al parque bonito, donde me había encontrado con Sergio. Pero mi vuelta no fue nada fructífera, no le vi, y además las bragas eran distintas a las que estrené el otro día. Estas eran más incómodas, se me metían cada dos por tres en el culo, así que en lugar de sentirme más segura de mi misma conseguía todo lo contrario. Eso unido a los amagos de ajustarme las bragas bajo el pantalón de forma discreta hacía que no me sintiese para nada sexy.

Al día siguiente lo intentaría de nuevo. Pero antes probaría el cambio de look en el trabajo. Fue un cambio bastante radical, aunque no me quedaba claro si me gustaba o no: había gente que no me saludaba nunca y empezaba a hacerlo. Compañeras con las que me llevo bien me comentaron que se me veía muy bien, que qué clase de maquillaje llevaba (por supuesto que solo llevaba el pintalabios rojo, pero por lo visto parecía que iba más maquillada). Me dio la sensación de que cuchicheaban a mis espaldas, sobre todo cuando hice el descanso para tomar el café, incluso cuando fui al baño a la pipi-pausa. Lo mismo eran imaginaciones mías.

En la comida varias compañeras me intentaron sonsacar el porqué del cambio. Una decía que si estaba enamorada, otra que si tenía pareja y cosas por el estilo. Como si una no pudiese mejorar para gustarse más a sí misma. Así que se lo solté así mismo… aunque hubo un algún “sí, claro” incrédulo. No dije nada sobre las sesiones de coaching ni del blog. No me gustaría que en el trabajo se enterasen… pero sí que me hice la interesante. Lo bueno es que la aprobación de mis compañeras me daba ánimos.

Tras el trabajo, una vez más intenté encontrar al chico del parque. Estuvimos casi una hora paseando. Pero nada. Hasta Marx estaba aburrido de tanta vuelta. Ahora me sentía más mona pero también más abatida. Me arrepentía de no haber aprovechado y haber ido al día siguiente de conocerle. O de haberle pedido su número de teléfono. Aunque está claro que necesitaría muchas más sesiones para conseguir eso sin que se me saliese el corazón por la boca.

Esa misma noche practiqué el movimiento de culo al andar. Era difícil ser sutil y no exagerarlo, pero es cierto que parecía alguien elegante y sofisticada (también me había puesto un vestido ceñido y estaba poniendo morritos en el espejo) No me resistí y me hice unas fotos en plan sexy, sexy exagerado y luego haciendo el tonto y se lo mandé al grupo de Whatsapp de mis amigas (somos 6). Todas me dieron su visto bueno, aunque Sandra me dijo que mi segunda pose era un poco de ramera de lujo. Así es ella. No se calla nada.

Y hoy el día fue mucho más interesante. En el trabajo, una vez más notaba esas miradas de reojo. Supongo que se acabarían acostumbrando al igual que empezaba a hacerlo yo. A media mañana vino mi jefe, para preguntar por unas cuentas que ya estaban presentadas. Me dio la sensación de que era una excusa para observarme… Me dijo un cumplido, algo como que se me veía muy resplandeciente o algo así y se largó. En ese momento no sabía si me irritaba o no el hecho de tener tantas atenciones. Creo que una persona tiene que llamar la atención no por el físico sino por su trabajo. Además siempre he llevado muy mal lo de los cumplidos.

Además, durante toda la mañana me encontraba más nerviosa de lo habitual, y todo por pensar en el paseo de la tarde. No sabía cuántos días más tendrían que pasar para coincidir con él. Entre los números y las cuentas y todo el trabajo se me aparecía el miedo de no encontrármelo por cualquier razón: porque se había mudado o había tenido una accidente o porque le había abducido un ovni… pero creo que por encima de todo tenía más miedo de encontrármelo. Recordé la canción de Mclan “Miedo”: “de encontrarte de repente de no verte nunca más.” Un ni contigo ni sin tí. Cambié mi café habitual por una tila. Algo ayudó, pero no demasiado, la cabeza es muy poderosa.

De vuelta a casa pensé en que no iría al parque y, aunque me arreglé más que nunca, mi idea era ir al parque que tenía más cerca de casa para evitar el encuentro con Sergio. Pero Marx tiró de mi dirección al parque bonito. Se ve que le había cogido gusto. Me puso cara de pena, ladeando su cabecita y poniendome ojillos para convencerme porque sabe que me ablando enseguida, así que finalmente me dirigí al parque, algo tensa a la espera de encontrármelo. A medida que pasaban los minutos iba perdiendo la ilusión y la paciencia. Y cuando ya me decidía a salir del parque le vi a lo lejos. Eso sí, hoy no iba acompañado de su perra Mira, iba solo, con ropa deportiva: había salido a hacer footing o running… vamos, que estaba corriendo.

Sin la perra, y él haciendo deporte sabía que sería más difícil que se parase a hablar conmigo. Además no sabía si se acordaría de mi, o si se pararía. Lo mismo me hacía la cobra. Una vez más haciendo conjeturas de la nada. No dio tiempo a más porque se paró a saludarme.

-Hola.. ¿Marx te llamabas y el perro Claudia?- Dijo con una sonrisa socarrona -¡Ayyy espera, era al revés, qué tonto estoy! No te he visto estos días por aquí…-

-Es que he tenido bastante trabajo… ¿dónde has dejado a Mira?- Se me ocurrió preguntar por la perra. Entre otras cosas no sabía qué más preguntarle.

-Bueno, tengo su custodia compartida, hoy no me toca…-

Una vez más mi cabeza empezó con miles de tesis: “¡Genial! has ido a dar con un chico que se acaba de separar y que comparte perra con su ex”. Pero siguió hablando, queriendo dejar claro el porqué de esa custodia.

-No es lo que parece. Mira es la perra de un amigo que viaja mucho, como vivimos muy cerca y a mi me encantan los perros le hago ese favor. Alguna vez incluso la paseamos juntos… pero no, no somos pareja, solo es un “bromance”.

Me reí, porque conozco el término bromance al igual que conozco y practico el “sismance”, que básicamente es una relación de amistad con alguien de tu mismo sexo tan, tan intensa y con tanta complicidad que aunque no haya nada romántico da pie a malinterpretaciones.

La cosa iba mejorando, ya daba por sentado que ni era gay ni parecía que estuviese en ninguna relación. Ningún anillo a la vista tampoco. Y le gustaban los perros.

Seguimos hablando de esas amistades tan especiales, le hablé un poco de Sandra, mi BFF y él me contó un poco de Jesús, su pareja “bromántica”. Después pasamos a cosas intrascendentes como hablar de la zona que habían cerrado del parque por obras, de que si se notaba que llegaban las elecciones porque se apresuraban a hacer todas las mejoras urbanas y poco más. Creo que me daba apuro pedirle su teléfono, pero quería hacerlo, así que se me ocurrió una idea brillante.

-Como paseas de vez en cuando a Mira y a Marx le cayó muy bien, si quieres podemos avisarnos por whatsapp por si coincidimos, y así pasear acompañados.- Dije de una forma natural, como si me molestase pasear sola, cuando era algo que me encantaba hacer: pasear dejando la mente liberada sin preocuparme de darle charleta a nadie.

– No va a poder ser- Contestó muy serio. Se me cayó el alma a los pies pero intenté mantener el tipo. Menos mal que seguí escuchando y comprobé que era una vez más esa forma de bromear de Sergio- es que no tengo Whatsapp, tengo Line.. es por comodidad, eso de que tenga llamadas gratis e iconos de osos en el wc es muy útil.

Me eché a reír. Así que sin importarme si era un psicópata o no, nos intercambiamos los teléfonos y nos despedimos hasta otra vuelta por el parque o comunicación por Line.

Estaba tan emocionada que de vuelta a casa practiqué el andar de forma sexy, creyéndome una diosa sexual. No sé si fue por la seguridad que tomé al conseguir el teléfono de Sergio o por la sonrisa de oreja a oreja, pero en mi paseo de vuelta a casa me piropearon en un par ocasiones… Estaba como una nube pensando si realmente lo había conseguido yo o había sido obra de mi hada madrina Inma.

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"Tienes que cambiar y una polla de goma no va a cambiar lo que tienes que cambiar."    
-Sandra       


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