Encuentro en el parque

La semana estaba siendo tristona. Echaba en falta a Sergio y también la terapia de Inma. Esperaba no convertirme en alguien dependiente, de ninguno de los dos. Hoy para más inri, siendo la fecha que es, aniversario de los atentados de Atocha, hacía que me sientiese algo deprimida.

Intenté quedar con Sandra, pero ella tenía planes con Juan y no quería molestarles. Hablamos un rato por Skype, que hablar con ella siempre me anima. Me contó sus avances con Juan, ya habían pasado su primer encuentro sexual y aunque en principio no había sido el polvo del siglo pero sí que había estado muy bien, “necesitamos más tiempo y práctica” me habai dicho ella. Por todo lo demás iba viento en popa.

Tras la conversación era hora de pasear a Marx, así que se me ocurrió pasear por el parque de Sergio. Creo que era porque quería encontrármelo a pesar de que sabía que no era posible, seguía en Noruega por tema de trabajo. Así que Marx, que es un amigo que nunca falla, y yo nos pusimos a disfrutar de ese día soleado, intentando mantener la mente en blanco y no pensar en cosas negativas.

“Pero la mente es muy pilla, hace que veas cosas donde no las hay”. Me dije cuando me crucé con un chico que paseaba a una perra igualita a Mira. Minutos más tarde pude comprobar que realmente era Mira. Entonces me di la vuelta, siguiéndole de cerca, tomé uno de los atajos, con la técnica que Sergio había usado conmigo semanas atrás. Sin duda tenía que ser el amigo de Sergio, ese con el que tenía la “custodia compartida” de la perra. Me envalentoné, ¿Por qué no iba a hablar con el amigo de Sergio? ¿qué tenía que perder?

– Perdona, la perrita es Mira ¿verdad? -El chico se quedó sorprendido.

– Sí.

– Es que a veces paseamos mi perro Marx y yo con tu amigo Sergio y con ella. Solo quería asegurarme y conocer a la otra parte de custodia compartida.

El chico sonrió, pero aún un poco cortado. Se notaba que era muy distinto a su amigo. Yo mientras esperaba que dijese. “Ah, si, debes de ser Claudia, Sergio me ha hablado mucho de ti”. Pero no parecía ser una persona de muchas palabras. Era algo más bajo y ancho que su amigo. Siempre da la sensación de que en una pareja de amigos hay un amigo más guapo y otro más simpático, este parecía ser del segundo tipo.

Se hizo un silencio algo incómodo. Yo quería hablar de Sergio y esperaba que él me diera pie, pero nada. Una vez más gracias a Marx y a Mira, pudimos tener una conversación más o menos fluída. Los perros se pusieron a hacer monerías y empecé a hablarle de cuando me encontré con su amigo por primera vez, de lo bien que se cayeron.

– ¿No se pondría como loco a lamer a la perra?

– Sí, cosa que no suele hacer, la verdad.

– Este Sergio… es un truco que hace para romper el hielo: poner paté para que huelan los perros y se acerquen. Tiene la técnica muy depurada, tiene cogido los tiempos: si lo pone muy pronto es probable que Mira acabe comiéndoselo todo.

– Ya decía yo que había gato encerrado… ¿y lo hace para acercarse a las chicas?

– Y a los chicos, vamos, para hablar, no pienses nada raro.

Poco a poco la conversación fue haciéndose algo más distendida y natural. Nos pusimos a pasear. En ningún momento le dije que fuera algo más que una amiga. En un momento dado, no sé porqué solté la maldita pregunta, y en qué maldito momento.

– ¿Y qué tal le va en Noruega?

– ¿En Noruega? Dirás en Salamanca. Tenía una boda de una prima y se quedaba unos días de vacaciones con su chica – El amigo de Sergio no debía de saber interpretar muy bien la cara de póker que se me había quedado.

En un momento me vinieron una serie de flashes: en su casa, la decoración aséptica, que podía ser tanto de hombre como de mujer, algunos gestos, cosas y detalles que no había comentado de su vida… todo cuadraba como un estúpido puzzle. “¿Ha dicho chica? ¿Tiene novia…? ¿en serio?”. Consciente de que me estaba mirando intenté ocultar mi cara descompuesta e intenté disimular.

– Le habré entendido mal…

En ese momento la cara del chico se iluminó, creo que se dio cuenta de lo que pasaba. “Ahora intentará disimular y proteger a su amigo con cualquier excusa”. Pero no, me sorprendió su reacción.

– No es la primera vez que otras chicas le entienden mal.

– No… bueno… – No conseguía articular una sola palabra.

– Si quieres te invito un café para que entres en calor y te cuento.

Acepté su invitación, aunque lógicamente no estaba tiritando de frío, porque hacía más bien calor, era más bien de shock. Sin saberlo me fui con ese desconocido y con Mira a un bar con terraza cercano al parque y ahí pude descubrir parte de la verdad de Sergio.

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"Tienes que cambiar y una polla de goma no va a cambiar lo que tienes que cambiar."    
-Sandra       


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