Inma, la Coach Sexual

Madre mía, lo he vuelto a dejar un par de días y no sé cómo retomarlo, siento que hay mucho que decir pero no quiero extenderme mucho, que supongo que mi terapeuta sexual tendrá tiempo limitado para leer mis cosas. Pero es que tengo que contar lo que pasó en la consulta y, no sé si más importante, lo que me pasó paseando con Marx (mi perro), debido seguramente a los cambios que me sugirió Inma.

Lo que me ocurrió me dio que pensar: si realmente eran pequeños cambios que se notaban o era sugestión mía y casualidad, pero es mejor que vaya por partes. ¡Con lo organizada que soy para unas cosas y esto de ordenar las palabras en mi cabeza no se me da del todo bien! (como suelo decir de broma, “es que soy de números, no de letras, por eso no sé ni hablar”). Quizás sea mejor contar lo que me pareció la sesión y las tareas que me puso y luego todo el tema del paseo de Marx. Si no me da tiempo a escribir todo, mañana será otro día, es importante que no me estrese, dice Inma, que mientras a ella le lleguen mis textos el lunes o como muy tarde el martes a primera hora de la mañana le es suficiente… mientras no le cuente la biblia en verso (y creo que voy por ese camino).

Supongo que Inma, al ver que yo seguía muy cortada empezó a contarme detalles de su vida. Dijo que no le importaba hacerlo y que estaba acostumbrada, ya que la mayoría de las veces los pacientes necesitaban esa información, pensando que si ella podía dar detalles de su vida ellos también podrían hacerlo. No es plan de contar sus intimidades, pero solo remarcaré que me sorprendió que resultó ser totalmente lo contrario de lo que me esperaba: era una mujer felizmente casada, llevaba 10 años con su pareja y tenía 2 hijos. “WTF!” me dije. Contó también cosas muy duras: su padre tenía dos facetas: el hombre adorable, que a pesar de su enfermedad (esquizofrenia) era el padre más cariñoso -cuando se medicaba-, y por otro lado el padre que dejaba la medicación una temporada y la cambiaba por la bebida, quiza porque sentía que no era él mismo, y molía a palos a todo el que se pusiese por delante: madre, hermana, ella misma… y hasta su mascota, un pequeño perro teckel que acabó muerto lanzado desde lo alto de la vivienda familiar -un décimo piso- en uno de sus ataques. Fue la enfermedad de su padre la que la llevó a estudiar psicología. Su sueño era tratarle, pero murió arrollado por un tren. Dice que lo más duro es que nunca supieron si fue en un momento de “lucidez” en el que se había tomado su medicación y lo hizo para liberarlas del monstruo que se convertía cuando bebía. Pero eso nunca lo sabrían con certeza.

Lo que me contó era muy duro, me estaban entrando ganas de llorar. Porque aunque tenga una faceta muy ordenada y analítica, por otro lado tengo la empatía hiperdesarrollada y me puede, simplemente me puede.

Aprecié que se abriese a mi. Sin duda el sistema funcionaba. Aunque lo que decía era tan triste, lo decía de una forma nada dramática, de forma natural. Me dijo que sí, que la vida es una putada muchas veces, pero que si nos hundimos por nuestro pasado jamás nos levantaremos para vivir el presente y ver el futuro. A continuación me contó cómo precisamente superó todos los obstáculos (tuvo algunos problemas de salud bastante graves que no quiso comentar) y a continuación se le iluminó la cara. Además de sus dos hijos que eran algo maravilloso, me dijo de forma cómica, que hacía el amor una vez a la semana y follaba otras dos veces a la semana -de media-. Cosa que me sorprendió. Que tenía una vida sexual plena y abierta y que lo hablaba todo con su marido (dentro de que todas las personas tenemos nuestros secretos, claro). “Aunque somos monógamos tenemos un trato: si alguna vez nos atrae otra persona, lo comentaremos para ver cómo podemos solucionarlo”. Si han hecho alguna vez tríos o cambios de pareja me lo dejó en suspense hasta que le contase yo mi historia. La gracia del tema es que tenía más curiosidad por saber de una vez por qué odiaba la saga de 50 Sombras de Grey que por si se lo había hecho con más de uno o con una legión. Pero ahí estaba para contar mi historia, así que empecé a contarla.

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-Sandra       


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