La verdad…

Hugo, el amigo de Sergio me había dejado bastante perpleja. No solo el soltarme el bombazo informativo de que Sergio, mi follamigo, tenía novia, sino también el interés que tenía por quedar conmigo. Al no saber que pensar hice un llamamiento a mis amigas, a ver si podían quedar conmigo y darme algún consejo o aclararme algo. Como si de una batseñal se tratase, Sandra y Mireia vinieron a cenar a casa raudas y veloces.

Preparámos una fondue de queso y la acompañamos de varias copas de vino blanco. Mientras cenábamos les contaba con pelos y señales mi encuentro con Hugo y todo lo que me dijo de su amigo. Ambas se quedaron extrañadas por la historia, sobre todo la parte del amigo poniéndose de mi lado, incluso malmetiendo contra su mejor amigo. Que intentase flirtear conmigo demostraba que tenían alguna rencilla entre ambos o un resquemor de algún tipo sin resolver.

En la cena sonó un par de veces el móvil, eran los mensajes habituales y cariñosos de Sergio. Eso demostraba que Hugo no le había escrito para avisarle de que yo ya lo sabía. Y me debatía entre escribirle y cagarme en su puta madre o castigarle con silencio. Hicimos una votación (amigas ausentes en la cena pero presentes por whatsapp también opinaron). En general pensamos que el silencio era la mejor opción, aunque Mireia decía que le mandase a freír espárragos, que me ahorraría muchos dolores de cabeza. A lo largo de la cena no contesté ninguno de los chats que me mandó. Todos tenían tono cariñoso, diciendo que me echaba de menos, que espera verme pronto y bla bla bla. En alguno de ellos me preguntaba que qué tal estaba e incluso que porqué no le contestaba, si estaba bien. Dejé el móvil en modo vibración y alejado, para no darle vueltas al tema. Nos pusimos una película, pero en un momento dado mi móvil empezó a vibrar: las notificaciones se hicieron más frecuentes. “Apaga la wifi”, “pon el móvil en modo avión”, me decían mis amigas. Me acerqué a apagar el móvil, pero no pude evitar mirar un último mensaje “contesta a mis chats, por favor. Puedo explicarte todo pero no puedo hablar por teléfono ahora”. Se lo comenté a las chicas y me permitieron ver el resto de los mensajes, decían esto:

“Oye, sé que te has encontrado con Hugo. Puedo explicarte todo, no es lo que parece.”

“No puedo llamarte por teléfono ahora, pero por favor contesta mis chats.”

“Lo cierto es que nunca nos preguntamos que si teníamos pareja, sé que no es una excusa, pero quiero decirte que lo mío con Alicia estaba muerto. Hace mucho que ya no siento lo mismo por ella. Llevamos una relación a distancia y ha hecho que se enfríe aún más. Quería aprovechar a verla, para hablar con ella en persona y contarle lo que pasaba y cortar como dios manda. Se lo debía.”

“Aún no he podido hablar con ella, por eso no te puedo llamar aún. Es algo muy delicado y necesito tiempo, pero no quiero perderte por esto, no creas que estoy jugando a dos bandas. Esta última semana ha sido increíble, nunca había conectado con nadie así.”

“Contéstame por favor, o estos días hasta mi regreso serán un infierno.”

Qué típico sonaba todo. Aún así podía tener algo de razón. Pero no quería complicaciones, además no nos habíamos prometido amor eterno ni exclusividad ni nada, tampoco podía enfadarme porque es cierto que solo nos centramos en el sexo y no profundizamos nada en otros temas y fue divertido mientras duró. Aún así me sentía dolida y engañada. Le contesté que ya hablaríamos a la vuelta, en persona, y que mientras no contactase conmigo. Contestó un par de mensajes más, diciendo que entendía mi postura, que le parecía bien hablarlo a la vuelta.

Apagué el móvil cagándome en la condición masculina en general, por la omisión de la verdad de Sergio y por el malmeter de su amigo Hugo (que tan amigo no será). En ese momento sentía una rabia enorme y ganas de arrancar cabezas. Sandra y Mireia se tenían que ir, que madrugaban al día siguiente. Les dije que estaba mejor, pero mentí. Cuando se fueron lloré de rabia. No sabía si era porque la cosa iba a terminar y yo me sentía algo pillada por él, o por lo bien que me hacía sentir, o por sentirme estúpida y herida en mi orgullo por no ver las señales.

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"Tienes que cambiar y una polla de goma no va a cambiar lo que tienes que cambiar."    
-Sandra       


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