Las cosas están bien como están

Así que acabamos otra vez en su casa. Dejamos que Mira y Marx solicializasen y sin más acabamos en su habitación. Agradecí que tuviese la habitación ordenada y la cama hecha, no todos los hombre y mujeres solteros lo hacen; me incluyo en la lista, que a veces salgo escopetada al trabajo.

Me sentía como un torbellino, mis temores, miedos e incluso vergüenza se había disipado. ¿Y todo por una sonrisa…? No lo tengo claro, pero ahí le tenía, entre mis piernas, besándonos, abrazándonos, oliéndonos, sacando nuestros instintos primarios. Le arañé la espalda, creo que demasiado fuerte pero él no se quejaba, supongo que lo interpretaría como una victoria, porque había conseguido una vez más encenderme. En ese momento pensé que había sido una imbécil ¿por qué no probar un poco más si no hacíamos daño a nadie? Después pensé en porqué se me iba el pensamiento a eso, en lugar de concentrarme en lo que estaba haciendo. Así que terminamos ese polvo a deshoras (a deshoras porque no es ni al dormir ni al despertar, lo cual lo hace más interesante y por experiencia suelen ser los mejores).

Una vez más me quedé un rato apoyada en su pecho. Pero también con la sensación de no saber si esto iba a algún lugar. Recordé a Sandra. “Relaja la raja, no te estreses, vive el momento a ver hacia dónde te lleva”. Y es también lo que me decía Inma, que no tuviese miedo de vivir, que hiciese lo que quisiese.

Sergio me invitó a cenar y a pasar la noche con él, pero le dije que el día había sido muy duro y mañana tenía que rendir en el trabajo, pero que gracias por alegrarme el día. Nos acompañó a Marx y a mi a la puerta de su portal a despedirnos. Me pidió dirección del trabajo para enviarme flores y contrarrestar a mi admirador secreto. Lo decía medio en broma y yo le contesté de la misma forma: con lo que acababa de hacerme hacía un momento había contrarrestado de sobra. Tras esto nos dimos un beso de despedida que por una vez no me hizo cuestionarme nada: Las cosas estaban bien como estaban.

Volvimos Marx y yo a casa, más contentos de lo que salimos, ya que los dos habíamos triunfado.

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"Tienes que cambiar y una polla de goma no va a cambiar lo que tienes que cambiar."    
-Sandra       


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