Los Trucos Sexys de Inma

Creo que me he explayado bastante en mi anterior post. Pero Inma me dijo que mejor pecar por exceso que por defecto, que intentase dar más detalles. En un principio pensaba que me llevaría menos pero siento que tengo tanto que contar… al mismo tiempo me siento liberada: primero de soltarlo y luego por compartirlo. Parece que empiezo a ser consciente de dónde vienen muchas de las trabas que me pongo a mi misma y los traumas que tengo. Quizás en el terreno que más cómoda me sentía era en el laboral, hacía bien mi trabajo y no estaba mal pagada, aunque es cierto que no me solían dar “la palmadita en la espalda” como otros que tenían un trabajo más vistoso. Pero entiendo que en el trabajo estás para cumplir una función y qué mejor recompensa que el hacer el trabajo bien hecho.

Así que tras contarle mi vida ella sonrió y me felicitó. Creí que una vez más tiraría confeti, pero no. Simplemente me dijo que tenía unos truquitos que podía ir usando para mejorar la autoestima.

Ahora mismo yo era la hermana e hija que pasaba desapercibida, la compañera del colegio e instituto invisible y la trabajadora inadvertida y esto tenía que cambiar, porque no me ayudaba el “pasar flotando por la vida” -palabras de la terapeuta, no mías-. Tenía que cambiar de actitud y hacerme valer. Los “deberes” que tenía para ir probando la próxima semana, además de seguir escribiendo el blog, también estaba basados en su segundo punto de su decálogo de 7 partes:

Antes de amar a otros tenemos que saber amarnos
Debes quererte, conocerte y amarte. Y no solo físicamente, también de forma mental. Uno de los pilares de mi coaching es el reestablecer la confianza en uno mismo en distintos niveles. Si no nos respetamos nosotros mismos otros tampoco lo harán. Los seres humanos somos pequeños milagros, fascinantes y complejos. Podemos usar la mente para querernos o para hundirnos en la miseria: Si somos unos cenizos las relaciones que creemos serán enfermizas y poco sanas, si somos personas optimistas y sanas crearemos relaciones sanas e ideales.”

Así que la idea era empezar a tratarme bien, mimarme, como si fuese otra persona. Si me equivocaba en algo, en lugar de decir “soy gilipollas”, lo cambiaría por “soy humana” si la cosa no es muy importante o “soy humana: puedo permitirme de cuando en cuando fallar” si es algo más serio. Por otro lado, además de cambiar cierto lenguaje negativo hacia mi misma, tenía que adquirir algunos complementos que serían mis aliados a partir de ahora -o eso dice Inma-.

Lo primero era un pintalabios rojo: Hace que tengamos más confianza en uno mismo. Suele haber un incremento en las ventas en época de crisis precisamente porque ayuda a darnos ese empujón de confianza por un muy módico precio. Me dijo que puede que me costase al principio, que probase primero diluyendo el color con vaselina, aunque era más espectacular ponérselo directamente, pero yo podía elegir si hacerlo de golpe poco a poco.

Lo segundo era ropa interior sexy: La coach daba por sentado que yo sólo tenía ropa interior aburrida. Y sí, es cierto, en cuanto a la ropa interior me gusta la comodidad y si no tengo que impresionar a ningún chico lo veo absurdo e innecesario. Inma me dijo que ahí estaba equivocada; primero, porque hay ropa interior sexy muy cómoda y porque no es para agradar a los chicos (que también) sino para hacernos sentir sexys y más seguras. Aunque no nos vean la ropa interior nosotras la notamos y nuestra actitud cambia. “¡Enamórate de ti!”

Y me dijo que con esas tres cosas – cambio de actitud, cambio de labios, cambio de ropa – notaría un gran cambio, que ya para la siguiente sesión hablaríamos de cómo potenciar nuestras sensaciones, explorar nuestro cuerpo… y así, en todo lo alto y con ganas de mucho más, me despidió para la siguiente sesión.

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"Tienes que cambiar y una polla de goma no va a cambiar lo que tienes que cambiar."    
-Sandra       


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