Mira y su otro dueño

– Soy Hugo. Y sí, soy el mejor amigo de Sergio, gran tipo, con gran carisma y que tienta mucho a su suerte. No sé que te habrá contado, pero ya he conocido muchos casos y he sido alguna vez cómplice suyo, y que quieres que te diga no me siento a gusto. Y le quiero un montón, pero esa faceta suya no la acabo de entender. ¿Tú cómo me has dicho que  te llamas?

– Claudia y él es Marx. – En ese momento Marx estornudó, lo cual hizo que nos riéramos.

– No sé si te apetece hablar de él. Si quieres cuéntame su historia y luego yo te cuento SU historia.- Dijo enfatizando “su”.

Le conté a grosso modo cómo nos conocimos, cómo empezamos a salir y sin darle demasiado detalle, la semana apasionada que tuvimos.

– No sé qué me molesta más, que no me haya sido sincero y no me haya dicho nada de su novia o que no te haya hablado de mi.

Hugo se rió por ese ataque de orgullo.

– Bueno, los dos sois mayorcitos para hacer lo que queráis. Pero hace un momento has dicho que no era nada serio. Así que tan doloroso no será. Vamos, a todos nos ha pasado alguna vez.

Me sorprendió que un extraño se preocupase por mi. Que me defendiera antes a mi, una desconocida que a su amigo. Eso dejaba en muy mal lugar a Sergio.

– Pues no sé. Es verdad que no nos hemos prometido amor eterno, ni nada, pero me siento extraña, engañada. Cuando me lo has dicho, mi primer impulso era llamarle y pedirle explicaciones. Ahora que ya me has aclarado las cosas ya me da un poco lo mismo. Porque pensándolo bien la sensación es que siempre he tenido es que lo nuestro no iba a ningún lado.

– Pues lo siento, no puedo justificarle. Teniendo una novia increíble ha ido buscando distintas amantes, algunas de las cuales he conocido, y todas me han parecido increíbles. Si es que el capullo tiene una suerte que no se merece. – Hugo parecía muy majo y encantador y también sensible, porque aparentemente se preocupaba de mi. -Creo que deberíamos hacerle sufrir un poco. Él no vuelve hasta el domingo. Hagamos que desee venir antes ¿nos hacemos una foto y se la enviamos?

– Sería gracioso, pero no, me parece muy maquiavélico. No quiero hacerle daño, ya hablaremos cuando venga, si tiene algo que decirme.-Dije muy seria.

– No es hacerle daño. Venga. Mira le mando un chat diciendo que me he encontrado con una chica en el parque, que me has preguntado que qué tal y le he dicho que muy bien en Salamanca, en esas merecidas vacaciones con tu chica. Así sabrá que lo sabes…

Hasta ese punto Hugo me estaba cayendo bien. Pero ahí me pareció cruel. Si era su mejor amigo, ¿por qué quería hacerle daño? Es de todos conocidos que los hombres se cubren los unos a los otros.

– Lo veo cruel. Innecesario. Ya hablaremos como personas adultas cuando venga.

– Encima eres una buenaza. Si tendrá suerte. Bueno, otra es que le diga que te he invitado a salir, y que se muera de celos. Así sabrás si te importa o no.

No pude evitar reírme. Hugo llevaba un rato adoptando la pose chulesca de su amigo pero no le daba el mismo resultado. Aunque me sorprendía su actitud, y puestos a bromear yo seguí con el juego. Además flirtear un poco no me iba a hacer daño.

– Vamos que tu quieres pedirme una cita y no sabes cómo hacerlo.

– ¿Se nota mucho?

En ese punto no sé si me sentía alagada u horrorizada. ¿Un amigo intentando levantar a la amante del otro? Hugo me despistaba, no sabía muy bien cómo interpretar sus palabras y si estaba bromeando o no. Mi instinto me guió. “Tengo que irme, este está muy mal”. Intenté zanjar cuanto antes la conversación y salir disparada.

– Creo que no estoy mucho para citas ahora mismo.

– Bueno, si te apetece dar una vuelta  mañana con el perro yo pasearé a Mira a la misma hora.

– No sé si podré pasarme, gracias de todas formas por la charla.

– Y sobre Sergio… ¿quieres que le mande un mensaje para que sepa que lo sabes?

– Prefiero que no. Ya hablaremos cuando vuelva, prefiero que sea cara a cara, más personal.

Y nos despedimos con un par de besos distantes por mi parte. Estaba muy confusa. ¿Quién mentía Sergio o su amigo? ¿o tal vez los dos?

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