Sábado sabadete

Aunque había hecho muchos avances en la terapia, llevaba casi dos semanas nerviosa por la cita de ayer noche. Parecía que nunca iba a llegar el día. Así que, con mucho tiempo de antelación me preparé a conciencia porque no quería dejar nada al azar. Tenía muchas cosas que revisar. Primero ITV corporal: poner los pelos a raya, repaso de las ingles, las axilas y las piernas. Una ducha relajante y un masaje corporal con crema hidratante de aromas cálidos y sensuales. Por un lado quería que la noche acabase con besos, caricias abrazos… y un revolcón, para qué engañarnos, pero también estaba aterrada por la falta de práctica. ¿Daría la talla?

Preparé el bolso a conciencia: suelo llevar de todo, pero añadí el preservativo que me dio Inma, y un par extra. Más valía pecar de optimista e ir bien protegida que arrepentirse más tarde. Me puse mi vestido favorito: uno ajustado de color morado, de los pocos que tengo con escote. No me gusta que me miren más a las tetas que a mis ojos, pero hoy no me importaba que mis pechos tomaran más protagonismo. Unos taconazos para realzar el culo y la ropa interior sexy, claro está.

El maquillaje muy básico: Solo bb cream, una sombra de ojos muy natural, un toque de colorete y el pintalabios. Mientras me maquillaba recordaba a Gabriela, que es todo lo contrario en cuanto a maquillaje y vestimenta: se mete conmigo porque siempre voy con la cara lavada… y yo contraataco siempre con lo mismo, contándole un chiste: “mamá, mamá voy demasiado maquillada? Depende de si vas a luchar contra Batman.” , O le digo si echa de menos las pirámides de Egipto o si la busca el resto del Equipo A, refiriéndome a su exceso de joyas y su gusto por el oro a lo Mr. T.

Cuando terminé me hice una foto frente al espejo (yo soy poco de selfies) y la envié al grupo de amigas. “Deseadme suerte, ya os cuento mañana… a no ser que necesite salir por patas.” Me piropearon y desearon lo mejor, así como una “Feliz eliminación de telarañas” y otras de sus “sutilezas”.

Llegué puntual a mi cita. Sergio ya estaba ahí. Se había puesto unos pantalones de traje gris y camisa ceñida. Me recordó la moda de los actores que llevan ahora las camisas super-ajustadas, que parece que no puedan respirar, pero lo bueno es que dejan todo a la vista. Ya le había visto con una camiseta ajustada cuando hacía footing, pero el efecto que hacía con la camisa era espectacular. Quería arracársela… y solo era el comienzo de la noche.

Me dio dos besos y me apartó la silla como un caballero. Me puse roja, esperaba que no se me notase. Él olía muy bien y me parecía que todo era demasiado bonito.

En la cena nos contamos anécdotas del trabajo, de nuestra infancia. Hablamos de nuestros hermanos. Él tiene un hermano mayor y contaba que le curtió a base de collejas y capones. Hablamos de gustos musicales, en ese sentido no éramos muy compatibles. La verdad es que me agradaba su conversación, pero por primera vez mi instinto primario se preocupaba más de no cagarla para pasar al siguiente nivel que en la conversación en sí. Y llegó el momento del postre. La mousse triple de chocolate especial que pedimos para compartir. Ahí Sergio se lanzó y empezó a darme mousse con su cuchara. Después yo contraataqué y le di con la mía. Me preguntó si quería ir a su casa y yo le dije que si.

Así que cogimos un taxi camino a su casa. Creo que no hablamos mucho, solo nos mirábamos a los ojos, intentando descifrar los pensamientos del otro. Yo estaba aguantando mis impulsos de saltar a su cuello y empezarle a besar. Él parecía más tranquilo, como si dominase la situación.

Subimos a su piso sin hablar. De una forma que no puedo explicar el silencio no resultaba incómodo. Al llegar a su piso me tomó de la mano y entramos.

El piso me pareció un poco… aséptico, vamos, que podía ser tanto de chico como de chica. Diáfano, con el salón unido a la cocina, muy moderno, muy blanco… Al fondo dos puertas: una a la derecha con el baño y la de la izquierda con la habitación (eso lo vería más tarde, claro).

Me ofreció un té, y se sentó a mi lado. Me extrañaba que no se hubiese lanzado él; en la cena, con el postre la cosa se había puesto calentita y ya sabía a lo que veníamos. Pensé entonces en si había confundido sus intenciones, pero me fijé en su lenguaje corporal: se le notaba la respiración muy rápida y las pupilas dilatadas. Y esa forma de mirarme. Lo mismo estaba desafiándome a que diese el primer paso, así que con la seguridad que había conseguido a lo largo de estas semanas me lancé: me remangué el vestido y me senté a horcajadas encima suyo: le miré fijamente retándole. Nuestros rostros estaban a la misma altura, podía ver los detalles de sus ojos, los poros de su cara, los pelos de la perilla falsamente descuidados que empecé a acariciar. Ahí él no pudo más me abrazó y empezó a besarme y yo a él. Mientras le palpaba ese torso, esos brazos. Y le olía. Era una mezcla de emociones que hacía tanto que no recordaba. Me acarició la espalda, hasta llegar al culo, una vez allí me lo agarró para acercarme más a su cuerpo, en ese momento estaba sentada en todo su paquete y me preguntaba si no le estaba haciendo daño. Me susurró que si íbamos a la cama, yo solo asentí rápidamente y volamos al dormitorio.

Él parecía muy apresurado y parecía querer romperme el vestido. Pero a mi me apetecía ir un poco más despacio, degustar el momento, poner en práctica el potenciar mis sentidos, así que le hice gesto para que se tumbara, y le empecé a desabrochar la camisa. Le dejé con el torso desnudo, mientras yo me quitaba el vestido y me quedaba en sujetador.

Dijo algo como que era preciosa. Empecé a besarle el cuello, los pectorales… le abrí el cinturón y le bajé los pantalones. Pero él parecía no querer estar pasivo, así que, desabrochó mi sujetador y empezó a acariciarme, me tumbó boca arriba. Todo estaba pasando muy rápido y estaba nerviosa y excitada, ambas cosas. Se ve que no le iban demasiado los preliminares… y yo a esas alturas tampoco estaba para exigir mucho (no por él, sino por mi cuerpo, que quería marcha) se quitó los calzoncillos y antes de que se pusiese a buscar un preservativo yo me adelanté y le di uno. Prefería darle de los míos, en parte porque ya lo tenía a mano y también porque me fiaba más de los míos. Se puso el condón y empezamos a darle… yo estaba en otro mundo, parecía que mi falta de práctica no se notaba, la cuestión es que empecé a notar que algo no iba bien. Para ser elegantes diré que “se vino abajo”. Lo supe antes por su cara que por su miembro. Me dijo algo como que “nunca me había pasado” y yo le dije que no pasaba nada (bueno algo sí, porque andaba con un calentón impresionante). Sergio me miró muy serio y dijo que le imponía, que le gustaba mucho y que por eso había pasado. Le dije que no se preocupase, que había venido a pasar la noche con él y que había cosas interesantes que podríamos hacer para divertirnos. Lo que en un momento pareció un momento incómodo lo aproveché para tomar las riendas y llevarle a mi terreno: creo que él solo necesitaba ir algo más lento, le prohibí moverse y empecé a jugar con su cuerpo, acariciarle con mis manos desde las puntas de los dedos del pie, hasta el último pelo de su tupé puntiagudo, después seguí con las manos, los brazos, su torso, su cuello, su boca… él quería volver a la carga -eres mala- me dijo,  pero se lo negué. Empecé a chuparle el dedo índice y a poner la mejor cara de viciosa que podía poner (y es que había estado practicando desde hace días en el espejo). Aquello estaba ya en todo lo alto de nuevo, pero para asegurarme le calenté un poco más, entonces volví a coger otro preservativo y le susurré al oído que  si no le importaba, le iba a montar.

No tenía miedo a que aquello volviese a decaer… tenía toda la noche para pasarlo bien con él, pero esta vez no hubo contratiempo, encontramos nuestro ritmo y fue una noche maravillosa.

Cuando terminamos nos besamos y abrazamos, aunque noté algo de frialdad o de desconfianza, tal vez mutua de “¿esto es algo de una sola vez?” “¿va a más?” Al notarlo le pregunté si quería que me fuera, prefería ser directa que no que estuviésemos toda la noche incómodos, pero él dijo que no, que mañana no tenía nada por la mañana y si me apetecía incluso podríamos dar una vuelta. Eso me inquietó más aún, tenía claro que me gustaba mucho pero no me había planteado nada más. Antes de montarme una película me centré en las sensaciones que me hacía sentir, en su olor… bueno, nuestro olor, en su calidez… en todo ese tiempo que no dormía con nadie y de repente ahí estaba. Me hizo un hueco en su pecho, así que con la sensación de protección que me ofrecía su abrazo me quedé dormida y descansé como hacía tiempo que no hacía.

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-Sandra       


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