Sandra

Ayer tuve mi segunda sesión de la coach sexual, Inma Balaguer.Una gran profesional- no quiero ser pelota, que sé que en estos momentos puede estar leyendo mis palabras- pero también un tanto excéntrica en su modo de tratar a los pacientes.

La segunda sesión no fue tan rara como la primera. Estaba ilusionada con ganas de cambiar… pero la ilusión se vino abajo porque al llegar me dijo que a ella le parecía fenomenal que hubiese creado un blog en abierto, aunque anónimo, que era un gran paso, aunque no le parecía tan bien lo del nombre -otra vez la fijación y la animadversión contra 50 Sombras de Grey y una vez más perdí la ocasión de preguntarle porqué le tenía tanta manía-, pero el mayor problema residía, según ella, en que tenía que haberle contado más cosas: sobre mi vida, sobre cómo era en el trabajo, mis relaciones con mis padres y hermanos… pero bueno, con lo poco que tenía y con las cosas que había omitido le daba alguna pista, y al fin y al cabo era un comienzo y un paso adelante. Me dijo que en la siguiente sesión seguro que contaría más cosas.

Tal vez para animarme, ya que pareció notar que estaba algo decepcionada, me ofreció una infusión muy rica de jengibre y canela y unos chocolates que había en un bol, encima de la mesita de cristal. Fue en ese momento cuando caí realmente en que no sólo había chocolatinas y caramelos, mezclados entre ellos se encontraban condones de distintos tipos, lo cual me hizo quedarme un poco sorprendida. Al verme mirando los condones dijo: “también puedes coger de esos”, pero solo cogí una chocolatina de avellanas, mientras me preguntaba si alguien por equívoco había cogido un preservativo en lugar del caramelo y se lo había llevado a la boca…

Una vez más Inma me sacó de mis pensamientos, y empezó a decir tanto en tan poco tiempo con esa voz suya tan característica (debe ser pariente de Bonnie Tyler).

-Bueno, sé que los comienzos no son sencillos. Si te parece te cuento un poco de mi vida, para que te hagas a la idea de lo que quiero que me cuentes en tu próximo escrito… o entrada de blog-.

-Como leíste en las pautas que te di, no estás obligada a hacer lo que no quieres hacer: Esto es, que entiendo que en un principio no te abras conmigo, ya irás contandome cosas poco a poco. Todos estos procesos son como pelar una cebolla: hay capas y capas, que hay que ir quitando poco a poco, e incluso nosotros mismos desconocemos la cantidad y profundidad de las mismas. Hay gente a las que les cuesta más, otras menos… recuerdo a tu amiga, Sandra. No sé si te ha dicho que ella también fue mi paciente. He de decir que a ella le costó poco. Creo que sabía muy bien lo que quería. No puedo darte más detalles por secreto profesional pero ella te podría contar muchas cosas, siempre que esté dispuesta a ello. Entiendo que le fue útil si tu estás aquí… y más teniendo en cuenta que te lo ha regalado. Menuda amiga más buena que tienes-.

Pensé en Sandra. No solo es una buena amiga: es la mejor. Somos muy parecidas en muchos aspectos aunque en otras somos como el día y la noche: mi familia es muy conservadora, la suya siempre ha sido todo lo contrario: muy emprendedora, de ahí que aparentemente nunca le haya dado miedo nada. Yo siempre he sido más calmada, más analítica; ella por el contrario es más impulsiva y alocada. En tema de trabajo yo tengo uno más normal: trabajo de contable en una gran empresa; el suyo es “inventado”, o eso es al menos lo que suele decir: porque fue de las primeras personas en España que le dio por crear aplicaciones para móviles. Siempre le gustó la informática aunque nunca fue a la universidad, con los cursos que hizo y sabiéndose rodear de gente que la orientaba ha llegado a ganar una pasta gansa. Ahora tiene una pequeña empresa de 5 trabajadores, lo cual hace que la admire y envidie -sanamente- a partes iguales, aunque no me gustaría vivir con la incertidumbre de si este mes voy a ganar mucho o nada.

Resumiendo: Sandra era mi mejor amiga. Como dicen ahora en el mundo anglosajón sería mi BFF (Best Friend Forever). La conocí hace casi 20 años, se dice pronto, cuando nos pusimos a hablar en el ascensor de nuestro bloque de pisos. Resulta que era la vecina del 2ºC, -yo era del 4ºB- íbamos al mismo instituto, aunque no a la misma clase y descubrimos que por aquel entonces nos gustaba el mismo grupo de música. Gracias a eso empezamos a hablar y a pesar de que no compartíamos clase siempre estábamos juntas en los recreos y cualquier rato libre. ¡Cómo añoro esos tiempos! En los que pasábamos de los chicos -y eso que ella traía loquitos a todos los de 7º, cosa que no ha cambiado; sigue siendo una bomba y no solo me refiero a su cuerpo exuberante, su pelo dorado o por su forma tan extrovertida. Su espontaneidad y naturalidad hacía que todo el mundo la adorase, y eso que a veces se pasaba de directa y pasaba de graciosa a hiriente. A las que nunca cayó bien fue a las populares del instituto. No podían tragarla porque se llevaba tan bien con los chicos e iba de persona normal, sin querer protagonismo.

Después del instituto nos separamos, pero solo en la distancia: ella se mudó de casa, pasó de vivir del pueblo a la ciudad. Realmente fue como si se independizara, dejó de vivir con sus padres a convivir con una prima suya mayor (que también es amiga nuestra, Carmen,10 años mayor que nosotras). Mientras yo iba a la universidad y ampliaba mi círculo de amistades – como Mireia, otra de mis mejores amigas que conocí ahí) Sandra se formaba haciendo cursos de programación, viajando y aprendiendo idiomas.

Pero una cosa era impepinable: pasase lo que pasase casi siempre teníamos nuestra quedada semanal o si no podíamos en forma de llamada o messenger. Hubo alguna excepción pero no pasaba mucho tiempo sin que volviésemos a ponernos al día.

A Sandra, además la debo muchas cosas: me ayudó a ser algo más abierta y a ver las cosas de forma más optimista; me presentó a mi primer novio (y casi-casi nos casamos, aunque no sé aún si es motivo de agradecer o no, tal como acabó) me enseñó mis primeras nociones sobre sexo como “tú tócate porque nadie hará que consigas orgasmos como tu misma” (aunque según me diría más tarde, encontró a un hombre que era, según sus palabras: “LMDDP o La Máquina Definitiva de Dar Placer”, pero claro, era uno entre un millón. Me inició en las cervezas, los vinos, los Gintonics y los Mojitos. Cuántas tardes de risas hablando de todo y de nada. Cuántas veces me levantó el ánimo. Por eso es mi BFF, sin duda.

Me estoy dando cuenta de que no estoy hablando de mi, que sí, que es importante que hable de mis amistades y entorno, pero debería estar hablando de mi. Estoy algo cansada para seguir ahora mismo, pero mañana sin falta, termino de contar lo que pasó en la consulta y a hablar un poco de mi vida. ¡Ay qué pereza! Pero todo sea para que esto me sirva para algo.

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"Tienes que cambiar y una polla de goma no va a cambiar lo que tienes que cambiar."    
-Sandra       


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