Sexual Healing

Menuda noche que pasamos. Polvete de inicio de noche, después pedimos algo para cenar y seguimos con una larga sesión de sexo. No sé a qué hora nos fuimos a dormir, pero lo hicimos como si hubiese sido la primera, o quizá la última vez. No sé qué tenía su piel, pero llamaba a mi instinto primario. Me importaba todo tan poco estando con él.

Se me hizo muy extraño despertarme en casa a su lado. No porque fuese raro en sí, sino porque parecía que pertenecía a la casa, como si siempre hubiese estado ahí, al igual que la mesa, el cuadro del rompeolas o el ficus, las primeras cosas que llevé al piso al mudarme. Preparé el desayuno y se lo llevé a la cama. Recordé que solo hacía una semana que habíamos empezado nuestra historia (por llamarla de alguna forma) y que la primera vez él había tenido ese mismo detalle.

Aún no se había despertado, así que dejé la bandeja en la mesilla de noche tratando de hacer el menor ruido posible y me acosté de nuevo a su lado. Esperé mirando su rostro relajado, ese que me encantaba y que mostraba más bien poco, opuesto a su pose chulesca. Parecía que había pasado mucho más tiempo, aunque también es cierto que llevábamos una semana de casi un polvo a diario. Lo que nunca he hecho, ni siquiera con 18 años. Me acerqué para acariciarle el pelo, quería besarle pero me daba pena despertarle. Después recordé unas palabras de mi amiga Mireia, ella decía que no había nada mejor que levantarse con alguien entre las piernas. Así que me metí entre las sábanas y empecé a jugar, también un poco como venganza a lo que me había hecho en el cine el día anterior. Solo puedo decir que fue una forma muy efectiva de que se despertase y que lo hiciera de muy buen humor.

Mientras desayunábamos me dijo que estaría fuera unos días por trabajo. Creo que no lo he comentado antes, pero Sergio trabajaba en una agencia de viajes y de cuando en cuando le mandaban fuera a algún congreso. Cuadraba agenda con su amigo, el dueño de Mira para que la perra no estuviese sola.

Fue una gran decepción… primero, porque había ocultado el detalle y me lo podía haber dicho antes. Me molestaba también no tenerle cerca después de esos días de maratones sexuales. Y por último la coincidencia de que justo se fuera la misma semana que mi coach Inma. En mi interior, mi lado conspiranóico se imaginaba que se iban los dos juntos. Enseguida se me fue esa teoría loca de la cabeza, probablemente inspirada por la sensación de vacío que dejarían en mi, Inma con su terapia y apoyo psicológico y Sergio con su sexual healing.

Pensaba que estaríamos toda la mañana en casa, que me pediría que comiésemos juntos y esta vez fue al contrario: tenía que irse en breve porque tenía que salir esa misma tarde. Así que aproveché para sacar a Marx y acompañarle a su bloque de pisos. Nos despedimos con un beso que debió de ser interminable aunque a mi me supo a poco. Supongo que el saber que no le tendría en toda la semana me causaba ese efecto.

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"Tienes que cambiar y una polla de goma no va a cambiar lo que tienes que cambiar."    
-Sandra       


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