Sorpresa de viernes

La semana ha sido relativamente relajada, después del notición de Sandra y de tomarme con más calma hacia donde iba mi relación con Sergio me notaba más tranquila y tal vez más madura.

En el trabajo todo fue bien, pude sacar todo sin problema. No me preocupé demasiado por admiradores secretos que mandaban flores y no daban la cara… hasta hoy, que recibí una caja de bombones con la misma dedicatoria. Buen regalo de viernes, para acabar la semana como la empecé: con regalo anónimo. No quiero parecer una desagradecida, pero todo el tema de flores-bombones me recordaban a la forma en la que me cortejó Alex, mi ex, el vampiro psicológico. Por eso no me emocionaban ese tipo de regalos. Además no sabía muy bien si debía guardar los bombones y tomármelos sola, o si era mejor compartir. El admirador no decía nada de qué debía hacer con ella. Una de mis compañeras, a la que apenas conozco me dijo un: “¿y no invitas?”. Así que pensé que no sería mala idea repartir, tal vez así podía interpretar las caras y encontrar al responsable del obsequio. Como dicen en esas series policiacas “el asesino siempre vuelve a la escena del crimen…”. No sería raro que mi admirador estuviese merodeando por ahí intentando ver mi reacción al obsequio. Así que repartí, pero no noté nada raro. Me quedé con la caja casi vacía. Cogí un bombón con forma de corazón y antes de comerlo me puse a darle vueltas, pensando en que una vez más me estaba complicando, que no debería indagar, que quien fuese ya aparecería. Además yo por ahora estaba saliendo con Sergio, aunque fuese en plan follamigo, así que no tenía que preocuparme por otras cosas.

Hablando de Sergio. Quedé con él a pasear a nuestros canes ayer y anteayer, con erótico resultado. Era agradable estar con él, tomar el aire libre y después el sexo en su casa y sus invitaciones de quedarme a cenar y a dormir, que siempre declinaba, supongo que para poner algo de espacio a la relación y dejar las cosas claras que íbamos a lo que íbamos. Pero siempre lo mismo. Cambiando de posturas pero lo mismo. Y no es que me pareciese monótono, pero de vez en cuando me daba por pensar en a qué llevaba todo eso. Sobre todo porque no teníamos muchas cosas en común. Me daba por pensar en Sandra y Juan, que tenían todo lo contrario a nosotros: complicidad y nada de sexo… Todo lo contrario a nosotros… pero se les veía tan felices…

Hoy en principio no iba a quedar con Sergio, pero insistió en que hiciésemos algo juntos, como ir al cine. Así que pensé que podría ser divertido, además, para variar no quería acabar en su cama, quería hacerme un poco la dura, comprobar si podíamos hacer otras cosas, que no pensase que podía tenerme cuando él quisiera… aunque realmente teníamos sexo cuando yo quería. Siempre había tenido yo las riendas y había sido así desde el inicio de la follamistad.

La idea era ver Birdman… pero decir que la vimos es un eufemismo. Mi determinación de mantenerme distante duró poco. Y tenía que haberlo imaginado por algunos detalles: la elección del sitio, por ejemplo, atrás del todo, sin nadie alrededor ni sentados en nuestra fila: vía libre. Además Sergio había comprado un tanque de palomitas. En principio pensé que era de esas personas que sin palomitas no iba al cine, pero a los pocos minutos descubrí que las palomitas eran una excusa para tapar sus juguetonas manos.

Con las palomitas y los refrescos XL como cómplices empezamos la batalla. Él inició el primer ataque, tocándome la pierna. No pensé que fuera ir a más. Como era agradable y estaba “protegida por mis pantalones ajustados” no dije nada. Pero empezó a subir más y más. Y a mi me costaba seguir los créditos iniciales… Ahí me di cuenta de que, hiciésemos lo que hiciésemos acabaríamos siempre de la misma forma. Pero no me sentí culpable ni nada. Me dejé hacer. Me pasó el cubo de las palomitas para que lo cogiera con mis manos y así servirle de tapadera mientras él me desabrochaba el botón del pantalón y empezaba a esquivar mis bragas para acariciarme lentamente. Intentaba mirar a la pantalla pero no podía, estaba más concentrada intentando que no se escuchase mi respiración agitada. Él no miraba la película, me miraba a mi. Para él ese era su espectáculo. Maldita sonrisa. Yo prefería mirar a la pantalla porque si le miraba a él iba a producir algún tipo de gemido… Reconozco que no me gusta hacer sexo en sitios públicos, pero a esas alturas me daba igual todo. Solo quería montarle una vez más. Le dije que nos fuéramos, pero él me hizo estar toda la película, calentándome y parando de cuando en cuando. Intenté jugar a lo mismo pero no me dejó: punto para él.

Así que aunque tenía ganas de ver la película no me enteré de la mitad. Pero el dinero estuvo bien invertido. Minutos antes de que acabara la película quiso que nos metiéramos en el baño y acabáramos la sesión, pero yo le dije que no, taxi y a mi casa. Incumplí un par de reglas de oro: el llevar a casa al amante, a menos que fuese una cosa seria y el dormir con un follamigo.

Al contárselo al día siguiente a Sandra me dijo que lo mismo no había incumplido ninguna norma porque puede que nuestra relación fuese algo más serio.

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"Tienes que cambiar y una polla de goma no va a cambiar lo que tienes que cambiar."    
-Sandra       


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